lunes, abril 14, 2014

Reseña: Piraña 3DD (2012)

Antes de hablar de esta película, tomemos un momento para recordar lo que ha sido la trayectoria de la saga de Piraña hasta nuestros días. Tal como mencionábamos en su momento, la película original de Joe Dante de 1978 era una simpática película serie B hecha a la sombra de Tiburón (1975) pero con un menor presupuesto. Conseguía sin embargo hacer algo interesante que iba más allá de la mera explotación de los peces carnívoros y tocaba temas en teoría más serios como su nada sutil discurso ecologista y anti-militarista. Luego vino el remake de Alexandre Aja de 2010, con un presupuesto mucho mayor y el apoyo de la industria de Hollywood detrás. Pero si aquella película funcionó fue porque Aja tomó el camino opuesto al que suelen tener estas reinvenciones modernas; en lugar de intentar legitimar una pequeña cinta serie B haciéndola más oscura y "seria", Aja usó todo el presupuesto dado para desmembrar Piraña y hacerla una locura llena de sangre, tetas y efectos gore por doquier en medio del Spring Break y encima con el gimmick de las tres dimensiones. Eso fue la auténtica gloria de Piraña 3D (2010) y el motivo por el cual fue no sólo un buen remake sino también una excelente comedia de horror.

Dos años después de aquella proeza toca el turno a una secuela titulada (muy ingeniosamente) Piraña 3DD (2012), que no sólo repite el truco de las tres dimensiones sino prácticamente toda la estructura de la primera pero a lo cutre. Esta vez las pirañas no vuelan sino que atacan un parque acuático en otro lago, con apenas conexión con los eventos de la primera película y con mucha menos chicha. Es básicamente un remedo barato de la película de Aja, pero lo más lamentable de todo quizás sea el hecho de que detrás están nada menos que el director John Gulager y los guionistas Patrick Felton y Marcus Dunstan, responsables de la trilogía de Feast (2005) y por ende los nombres idóneos para recoger el testigo entregado por Aja y los suyos. 

El resultado es tremendamente pobre incluso para las expectativas que cualquiera pueda tener. Algunos incluso caerán en el error de creer que la primera película era así también, pero se equivocan: Piraña 3DD es la marca blanca de la película anterior, más cercana a los telefilmes baratos de la SyFy con sus escasos efectos gore (mucha sangre diluida en agua pero poca carne), su elenco de desconocidos y su humor basado en cameos de famosos crepusculares como David Hasselhoff, quien al menos parece tener suficiente entereza para reírse de sí mismo y de lo bajo que ha caído su carrera. Si bien no es la peor secuela que he visto, comparada con la primera parte resulta tremendamente básica y sin ningún atractivo más allá de algunos momentos que denotan el ofensivo sentido del humor de sus responsables y que al menos dan algo de vida a un producto por lo demás bastante olvidable en su conjunto.

Pero el principal problema de la película es que salvo esos momentos de humor que denotan cierta mala leche muy destacable por parte de sus creadores, estamos ante un trabajo francamente aburrido cuyos principales logros nada tienen que ver con las pirañas y sí con un sentido del ridículo que parece haber abandonado a los participantes. Incluso el uso de los cuerpos femeninos está tratado esta vez de una forma infantil y a diferencia de la primera película no viene unido a los elementos gore puesto que la matanza que se desarrolla al final es muy descafeinada debido a los más limitados medios de esta continuación. De hecho, si no hubiese sido por el 3D esta película habría pasado directamente a formato doméstico sin ningún tipo de contemplación. Ahora me pregunto si habrá sitio para una tercera parte, aunque el palo generalizado que se llevó en su momento me hace dudarlo. 

domingo, abril 13, 2014

Reseña: Lifeforce (1985)

Hecha cuando su director estaba en plena forma, Lifeforce (1985) es justamente celebrada como una de las mejores películas de Tobe Hooper y un magnífico ejemplo de ciencia-ficción calenturienta con la que su productora, la ya difunta Cannon Films, se marcó otro éxito en su ya abultado catálogo de serie B. Sin embargo en su momento fue mucho más; se trató de un proyecto muy ambicioso con el que la Cannon quiso pasar a las grandes ligas del cine comercial, y fue ese el motivo por el cual esta producción británica terminó desechando el título de la novela en que se basa, The Space Vampires. Pero dicho todo esto y a pesar de que en la mayoría de los casos el material publicitario de la cinta contradice sus mucho mayores pretensiones, estamos ante una gran cinta de terror que merece ser vista aunque sea porque no hay muchas que se le parezcan.

Combinando la ciencia-ficción con el relato vampírico de toda la vida, todo comienza cuando una expedición espacial europea descubre una nave alienígena oculta en la cola del cometa Halley, que como ya sabemos pasa junto a la Tierra cada 76 años y al que la película aprovecha debido a que justo en el año 1986 estaba prevista su más reciente aparición. La nave, que en un principio parece estar abandonada, está en realidad repleta de cadáveres de extrañas criaturas de las que la tripulación sólo consigue rescatar tres misteriosos seres (dos hombres y una mujer) de apariencia perfectamente humana y que parecen estar suspendidos en letargo. Muy previsiblemente la decisión de llevar a estos seres a la Tierra prueba ser la peor posible cuando la chica alienígena escapa de su cautiverio y siembra el caos donde quiera que va.

Esto es básicamente el argumento, uno lleno por cierto de elementos fácilmente identificables con otros ejemplos de entretenimiento fácil como el alto contenido erótico de la película, su violencia poco disimulada y su aprovechamiento de varios géneros que en un principio pueden parecer contradictorios. Y sin embargo hay algo realmente fascinante de Lifeforce y es el hecho de que su variedad argumental y de tono nos hace ver en ella tres películas distintas que perfectamente habrían podido rodarse por separado: en primer lugar una aventura espacial de terror (la parte por desgracia menos aprovechada), en segundo lugar la persecución del vampiro a través de la campiña inglesa, con sus escenas de usurpación de cuerpos y de maligno control mental, y por último ese glorioso clímax en forma de apocalipsis zombi en el que Tobe Hooper tira todo por la ventana y convierte la cinta en un desmadre absoluto que nunca más volvería a mostrar en su filmografía. El horror cósmico que se desata está hecho además con decisiones estéticas bastante atractivas como el hecho de que los vampiros no se alimentan de sangre sino de energía, o como la curiosa combinación estética presente en la imagen de esa vampira del espacio durmiendo en una capilla de una iglesia en ruinas.

Todos estos detalles son también un poco frustrantes porque nos hacen pensar que Lifeforce es un trabajo mucho más grande que no se llegó a terminar de forma correcta, una película con un enorme potencial que muy probablemente se rodó en la época equivocada pero que a la que por lo menos Tobe Hooper dotó de una innegable energía. Es la versión resumida y atropellada de algo que crece en nuestro recuerdo, pero sigue siendo una de las más curiosas películas de vampiros que se han hecho y una con la que no hay mucho material que comparar. Recomendable aún después de todos estos años, tanto que durante mucho tiempo se ha barajado la posibilidad de un remake que ha sido anunciado varias veces pero que nunca se ha terminado de hacer realidad.

viernes, abril 11, 2014

Reseña: Wolf Creek 2 (2013)

La primera Wolf Creek (2005) fue una de esas películas que por lo visto le gustó a todo el mundo menos a mí, lo que hace de esta segunda parte una sorpresa aún mayor, algo que no me esperaba para nada puesto que no tenía muchas esperanzas de que saliera bien. De hecho, se puede decir que mi principal interés por verla era el regreso de Greg McLean, director de la original y que aquí repite al mando del proyecto, con lo que estaba claro que habría algo más que una secuela en piloto automático hecha simplemente por la pasta. Y es así; Wolf Creek 2 (2013) repite la misma estructura de la original, es cierto, pero al mismo tiempo va más allá y sabe por lo menos dar algo extra a aquellos que hayan disfrutado de la primera parte. Es una secuela a la vieja usanza, que toma aquello que funcionó de la original y lo amplifica.

Pero lo mejor de todo es que esta reverencia hacia el camino ya trazado no aliena al espectador novato; el hecho de que se repita una historia muy similar hace que no sea necesario haber visto la película original para poder entender de qué va todo porque lo hemos visto en muchas otras cintas similares: mochileros en un paraje exótico (en este caso Australia) que son acosados por un terrible asesino que gusta de torturar física y psicológicamente a sus víctimas. A sabiendas de que debe ofrecer aquello que gustó de la primera parte, McLean hace esta vez la película mucho más centrada en el asesino, quien tiene más tiempo en pantalla (de hecho aparece desde el principio) y es quien posee la inmensa mayoría de los diálogos. El desmedido énfasis en el villano pone más en evidencia la falta de un protagonista interesante entre las víctimas, que quedan relegadas a un segundo plano y que sufren ante el hecho de que es precisamente John Jarrat y su exageradísima actuación quien termina echándose la película sobre los hombros.

Esta cambio de foco, sin embargo, es lo que trae las cosas interesantes de Wolf Creek 2. La trama no sólo comienza muy rápidamente sino que además suceden muchas más cosas que en la primera película, y se ahonda más en los motivos y el mundo del asesino, aunque no siempre con la misma efectividad (hay una larguísima secuencia de tortura que en mi opinión se extiende demasiado). Las mayores dosis de humor negro también da pie a situaciones un tanto disparatadas como una secuencia con canguros que me pregunto si no pertenece a una película distinta, pero en general se trata de una cinta muy cruel y pesimista en la que se resalta todo aquello que caracterizaba a la primera, como el carácter xenófobo del asesino y su discurso de odio hacia los extranjeros habitual en este subgénero de turistas muertos.

Como si esto fuera poco, McLean decide llevar su cinta hasta las últimas consecuencias cerca del tramo final, cuando nos lleva a la guarida del pyscho-killer y da comienzo a una secuencia demencial que va mucho más allá de lo que la original alcanzó, con un subtexto de violencia sexual y canibalismo que la primera cinta no tenía. Ha sido precisamente esta secuencia la que me ha perturbado más y la que ha terminado haciéndome recordar la película, cosa que la primera no consiguió hacer. En nuestros tiempos actuales, cuando ya el género de survival horror parece haber dejado atrás las preferencias de gran parte del público, probablemente Wolf Creek 2 no cause la misma impresión, pero en lo personal pienso que es una película mucho más interesante de lo que la original fue, y si aquella os gustó esta es una que tenéis que ver. Teniendo en cuenta lo poco que me esperaba de ella, ha sido una auténtica sorpresa de las que no suelen venir muy a menudo y cuyo único error ha sido precisamente el llegar a destiempo casi una década más tarde de lo que se le esperaba.

miércoles, abril 09, 2014

Fantasy Filmfest Nights 2014: un resumen

Hace dos fines de semana tuvimos la oportunidad de pasarnos una vez más por el Fantasy Filmfest Nights aquí en Berlín, y una vez más hemos puesto en juego la integridad de nuestros ojos al ver diez películas en dos días. La diferencia es que este año hemos decidido hacer más corta la espera por las inevitables reseñas gracias a un pequeño adelante que os ofrecemos a través de esta lista de Letterboxd que hemos preparado para la ocasión.

En la lista encontraréis una muy breve opinión sobre cada una de las diez cintas que nos ha tocado ver, algunas de ellas bastante esperadas aquí en Horas de oscuridad y que por supuesto serán ampliamente reseñadas tarde o temprano. La más esperada de todas, The Green Inferno (2014) es un caso especial porque todavía no tiene ni siquiera un trailer a pesar de que ha estado rodando por festivales ya desde el año pasado.

Os adelanto, sin embargo, una cosa: en cuanto al género que nos toca, la mayor y más positiva sorpresa me la he llevado con Dead Snow 2: Red vs Dead (2014).

Me callo ya. Os invito a pasar por la lista de Letterboxd; ya hablaremos con calma (y mejor) más adelante.

lunes, abril 07, 2014

Reseña: The Possession (2012)

Aunque no me esperaba realmente otra cosa, The Possession (2012) es horror de usar y tirar, el enésimo trabajo perteneciente a lo que hoy en día puede considerarse un género en sí mismo: las historias de posesiones diabólicas que tienen por víctimas a jóvenes chicas y un ambiente familiar de clase media. La cinta, que originalmente tenía el mucho menos genérico título de Dybbuk Box, tiene sin embargo algunas cosas que me gustan y que me hacen lamentar que haya decidido irse por terrenos seguros y ya transitados, algo por otro lado no muy difícil teniendo en cuenta que está producida por Ghost House Pictures, la productora de Sam Raimi que por lo general no ha destacado mucho en trabajos arriesgados o rompedores de ningún tipo.

Entre las cosas que me gustan está la idea central del argumento referente a la posesión ligada a objetos malditos, en este caso una caja que mantiene prisionero un demonio y que se apodera de una incauta chica. La idea de la maldición ligada a un posesión material que va pasando de mano en mano es algo que me parece interesante y más si tiene un trasfondo cultural como el que esta película muestra, con todo y que el tema del Dybbuk ya había sido tratado antes con resultados mucho más pobres. The Possession también tiene algunos logros interesantes a nivel de imagen, sobre todo al principio cuando la naturaleza del horror no es conocida y la presencia del mal se va haciendo cada vez más palpable en el comportamiento de la víctima.

Por desgracia todo esto se va a la basura muy pronto; en un afán consciente por ser una película de terror del montón, la historia del Dybbuk va superpuesta a un drama familiar de medio pelo nada arriesgado y tremendamente burdo y mundano, el típico trasfondo de padres divorciados carente de todo impacto, en el que perderse el recital de tu hija es por lo visto el acto más abominable que se puede imaginar. La falta de conflictos realmente importantes, escenas de auténtico terror o simplemente un intento por hacérselo pasar realmente mal a la cría protagonista muy probablemente se deba a la presión ejercida sobre la película para alcanzar una clasificación por edades que le permitiese llegar a un público mayoritario. Esto trae como consecuencia, obviamente, un producto mediano que recurre a sustos baratos y a una retahíla terrible de lugares comunes como la muy lamentable escena de exorcismo, la triste figura del rabino exorcista (probablemente el personaje menos desarrollado de la película) y el por lo visto obligatorio momento en que un personaje le pide al demonio que le tome a él en lugar de a la chica.

No hay realmente nada más qué decir de The Possession. El tiempo que he tardado en escribir esto es probablemente poco menos que el que necesitaré para olvidarme de ella, pero su escaso atractivo no tiene que ver únicamente con la alargada sombra de El exorcista (1973) sino también con una manera muy equivocada de afrontar la comercialidad del género de terror sacando estos productos desganados en la certeza de que el público se traga cualquier cosa. Es una lástima porque el director Ole Bornedal sí que consigue algunos detalles destacables que por desgracia quedan sepultados en una cinta carente por completo de interés incluso para los seguidores más masoquistas del cine de posesiones diabólicas.

miércoles, abril 02, 2014

Reseña: Exorcismo en Georgia (2013)

Los traductores españoles de títulos se han apuntado una victoria al dar nombre a esta segunda parte de Exorcismo en Connecticut (2009), aunque por desgracia puede que este sea el único punto a destacar. Ya en su momento comentábamos que la primera parte no era demasiado destacable más allá de un par de momentos y que en el fondo era poco más que una muy típica historia de casas embrujadas con el gancho de estar basado en un supuesto caso real. Y sin embargo, con todas sus carencias, esa primera parte parece una obra maestra si se le compara con este Exorcismo en Georgia (2013), una película en la que una vez más la palabra "exorcismo" es usada de forma bastante aleatoria (quizás por la falta de un término apropiado para haunting) cuando en realidad es una historia de fantasmas en ambiente rural de esas que ya conocemos.

El esquema de hecho no puede ser más obvio: familia que se muda a una casa en medio de la nada para reponerse de una crisis, aparición de fantasmas e investigación que pone de manifiesto un crimen del pasado sin resolver que por supuesto es clave para acabar con la maldición. Aparte de esa falta de originalidad, la película intenta compensar con cutres efectos visuales de filtros y montaje rápido su carencia de sustos o de momentos de genuina tensión. Eso y su elenco de actores televisivos en momentos bajos es lo que la identifica como una de esas secuelas tardías sacadas únicamente para tratar de aprovechar el tirón ya establecido de una franquicia. 

Pero lo más vergonzoso de esta cutre-secuela quizás sea el hecho de que en ella hay al menos atisbos de un argumento interesante acerca del pasado esclavista del sur de los Estados Unidos, un tema que en lo personal siempre me ha fascinado y que podría dar juego a varios ángulos de terror muy fructíferos incluso en películas medianas, pero está tratado de forma tan anodina que la dichosa investigación se hace interminable. En este sentido, encuentro mucho más recomendable el documental para TV de 2002 A Haunting in Georgia, que trata sobre este mismo caso y emplea aquello de "basado en una historia real" de una forma mucho más digna. Curiosamente, el caso mostrado en Exorcismo en Connecticut también proviene de la misma serie documental, por lo que está claro de dónde venían las intenciones de saga de esta cinta de terror. De todas formas el resultado de esta de la que hablamos hoy es tan pobre que he tenido que escribir la reseña a toda prisa antes de olvidarla por completo.  

jueves, febrero 20, 2014

Reseña: Silent Hill: Revelation (2012)

Cuando salió la primera película de Silent Hill (2006) me acerqué a ella con unas expectativas muy bajas, producto sin duda de la mala fama que suelen tener las adaptaciones de videojuegos al cine, que salvo pocas excepciones suelen ser bastante tristes. No fue el caso aquella vez: de hecho, la película de Christophe Gans no sólo me gustó mucho sino que incluso me atrevería a decir que es de las más interesantes adaptaciones de un videojuego que he podido ver hasta la fecha, ya que no sólo manejaba bien sus elementos de terror sino que además tenía una historia que atrapaba y sobre todo una maravillosa estética y atmósfera que construía una aventura terrorífica muy notable con referentes conocidos incluso para aquellos que, como yo, jamás se habían acercado al juego de Konami. Algunos me discutirán esto y dirán que todos estos son logros del videojuego y que la película simplemente los traslada a la pantalla, como si eso fuese algo fácil de hacer y no tuviésemos decenas de ejemplos de estrepitosos fracasos.

Por desgracia un título que hay que sumar a esa lista de calamidades es Silent Hill: Revelation (2012), triste secuela tardía de la película de Gans que arroja por la borda prácticamente todos los aciertos de su antecesora y sustituye la colosal aventura de la original por un barato espectáculo de feria con un argumento muy pobre, unos personajes de tercera fila y un acabado de serie Z en el que lo único que destaca es deleite visual que su director Michael J. Basset intenta dar metiendo a saco el gimmick del 3D en cada momento posible. De hecho, el truco de las tres dimensiones es probablemente lo único que haya podido garantizar el estreno en cines de este despropósito, ya que en todo lo demás estamos ante una secuela cutre como pocas, un material digno de todas estas mediocres continuaciones a formato doméstico que nos han llovido con el tiempo. E incluso dentro de esta liga es probablemente una de las peores películas que me he tragado en años.

Curiosamente, la cinta intenta continuar la historia de la original pero lo hace a través de una elipsis narrativa que nos sitúa varios años después, con la niña de la primera película de vuelta en el mundo real luego de que su madre lograra sacarla del mundo de terror al que había sido llevada. El cómo salió de allí es algo que la película decide no mostrarnos, para simplemente centrarse en una muy pobre historia de la misma chica ahora adolescente que debe volver a adentrarse en el pueblo de Silent Hill para rescatar a su padre. Todo esto con un elenco muy pobre que incluye a Adelaide Clemens (habitual ya en este tipo de producciones y quien no parece ni de lejos el mismo personaje de la primera película) y Kit Harington en su debut cinematográfico. El caso de este último es curioso porque su voz suena muy distinta a como suena en Juego de Tronos, lo que me hace sospechar que muy probablemente le doblaron para ocultar su acento británico. Ni hablar de Sean Bean y Carrie-Anne Moss, quienes a todas luces desearían estar en cualquier otro lugar.

Creo que mi principal problema con esta secuela es el hecho de que ignorara de forma tan evidente no sólo los logros sino incluso la línea argumental del primer Silent Hill. Si como yo sois de los que quedaron gratamente impresionados con la primera quedaréis sorprendidos del tremendo bajón que sufre esta segunda parte en la que apenas queda nada más allá de un muy vacío espectáculo informático y una terrible confrontación final que termina de la peor manera posible: intentando tomarse en serio una pelea de dos tipos enfundados en trajes de látex. Muy, pero muy lamentable.

sábado, febrero 15, 2014

Tres tristes trailers 40

Ahora que nos ha dado por reseñar una larga serie de secuelas cutres, resulta muy oportuno que nos llegue The Purge 2: Anarchy, encima con Kyle Sánchez, quien poco a poco parece estar destinada a convertirse en una presencia constante en estas continuaciones de segunda categoría de notadas películas comerciales. A pesar de su elenco de tercera fila, esta secuela de la ya reseñada The Purge tiene un detalle interesante y es que su premisa de protagonistas sueltos por la ciudad al menos promete una mirada un tanto más detallada en esa urbe en pleno caos que apenas intuíamos en la primera película. Estaremos pendientes.

Seguimos con las secueltas cutres, y esta encima la veremos en el Fantasy Filmfest Nights de este año (ya está confirmadísimo). Dead Snow 2: Red vs Dead parece aumentar las dosis de comedia y ofrecernos esta vez una historia de superhéroes en la que nuestro protagonista se enfrenta a los no-muertos armado con un poderoso brazo zombi, de entrada una premisa mucho más alocada que la primera. No es un secreto para nadie que aquí en Horas de oscuridad no quedamos excesivamente impresionados con la primera Dead Snow, pero esperamos que el paseo Hollywoodense de Tommy Wirkola con la muy prescindible Hansel & Gretel: Cazadores de brujas le haya permitido volver con holgura a sus orígenes del terror nórdico y sus héroes imposibles.

Y ya para terminar este trío de trailers dedicados a secuelas, tenemos esta (tardía) vuelta al desierto australiano con Wolf Creek 2, la cual también veremos en el Fantasy Filmfest Nights de este año. De entrada ya se perfila como algo muy parecido a la original, aunque con un mayor énfasis en el enfrentamiento épico con el antagonista ahora que el secreto de su identidad ha sido revelado. El director Greg McLean también parece haberse inspirado mucho en éxitos de terrores de carretera pasados como Duel o The Hitcher, este último notable en su intento de explotar el carisma de su villano (excelentemente interpretado por el veterano John Jarratt). Aunque la primera tampoco me impresionó mucho, a esta le tengo ganas aunque sea por ver cómo McLean consigue mantener la tensión en lo que a todas luces parece el primer gran slasher comercial del cine de terror australiano.

martes, febrero 04, 2014

Reseña: La sombra prohibida (2011)

La herencia Valdemar (2010), y su secuela La sombra prohibida (2011), forman realmente una sola película dividida en dos partes, y forman también una de las mayores oportunidades perdidas que he visto en ese fantástico mainstream hispano que desde ya hace un tiempo he venido siguiendo. Esta probablemente sea una de las reseñas más banales que haya hecho jamás, puesto que el único motivo para haber revisado esta secuela tres años después es el completismo más absoluto. Había quedado muy desencantado con la primera parte, así que vi esta segunda sólo por curiosidad y me ha parecido aún peor que la primera. Su caos argumental y lo vergonzoso de algunos momentos e imágenes sólo pueden explicarse por su voluntad de querer corregir de forma apresurada los errores de la primera entrega, hasta el punto de ignorar casi todo lo que predecesora había establecido.

Tanto es así, que al final todo el argumento ubicado en el pasado en el que Valdemar trae un demonio del inframundo (con todo y su revelación final y su historia de amor trágico) termina teniendo un peso mucho menor de lo que podía esperarse y no es para nada el centro de la historia. De hecho, esta segunda parte toma el camino opuesto a la primera al estar ambientada en su mayoría en el presente, con una investigación sobre un hermético culto de místicos y la presencia, por supuesto, del famoso Necronomicón lovecraftiano que aquí tiene un papel principal. Aquellos que hayan visto el trailer seguramente recordarán además la presencia del propio Cthulhu, un gigantesco monstruo CGI que se convierte en la principal atracción del atropellado clímax de la película.

Por desgracia esto es todo lo que se puede decir del argumento porque no hay mucho más que sacar. En su afán de ir desechando aquello que el público rechazó en la primera parte (incluyendo esa trama amorosa que parecía ser el centro del argumento), la película muestra una estructura anti-narrativa sin pies ni cabeza. No es ese el único cambio que se ha hecho para peor, puesto que un detalle en apariencia insignificante revela cómo a veces no hay que hacer caso a nuestros prejuicios; así como en la primera parte teníamos la aparición de Aleister Crowley como personaje, en La sombra prohibida aparece nada menos que  el propio H.P. Lovecraft, incorporado a la trama de forma un tanto gratuita, he de decir. Recordaréis que en la primera entrega comentábamos lo extraño que nos parecía escuchar al famoso ocultista Crowley hablando en un perfecto castellano. Pues bien, alguien parece haber escuchado, puesto que el Lovecraft de esta secuela aparece hablando en español con un muy marcado acento anglosajón, lo cual lejos de mejorar su interpretación lo hace parecer aún más ridículo y da a sus escenas un extraño aire de comedia involuntaria que no le sienta nada bien.

Tras ver La sombra prohibida me reafirmo una vez más en dos idea que me venían a la mente tanto en aquel entonces como ahora: que esta descalabrada historia parece más bien el resultado de rodar una larga partida de rol de inspiración lovecraftiana, y que el dilatado tiempo transcurrido entre el estreno de la primera parte y el de su continuación se debió no tanto a la fría recepción que tuvo La sombra Valdemar (que también) sino a la necesidad de retocar un sinfín de detalles que intentaron desandar el camino de su antecesora aún a costa de la coherencia interna del relato. Una pena porque al final lo que más ha trascendido de la película ha sido por un lado su forma de financiación privada (en unos tiempos en los que el apoyo institucional al cine recibía críticas por todos lados) y por otro el aluvión de reseñas negativas que le cayeron encima y que llevaron al director a pronunciarse públicamente. En resumen, este costoso experimento ha terminado por ser una terrible película a la que no encuentro cómo recomendar.

lunes, febrero 03, 2014

Reseña: The Prophecy 3: The Ascent (2000)

Tras el desastre de la segunda parte, esta nueva entrega de la guerra entre los ángeles dirigida por Patrick Lussier (discípulo de Wes Craven) se siente como una sorpresa no tan desagradable. Contra todo pronóstico, The Prophecy 3: The Ascent (2000) ha resultado ser una película muy superior a su inmediata antecesora, y aunque no llega nunca a ser realmente buena y sus limitaciones técnicas la hacen ver como un pariente poco agraciado de la original de Gregory Widen, sí es cierto que al menos se decide a recuperar algunos de los aciertos de la primera parte en la medida de sus (modestas) posibilidades. También es de agradecer que busque compensar lo caótico de su argumento con nuevas muestras de imaginario celestial en concordancia con las bases estéticas que la original había sentado.

Dicho argumento es asimismo la continuación directa de la segunda entrega; años después de los eventos narrados en The Prophecy 2 (1998), los ángeles vuelven a la tierra para intentar acabar con Danayel, el Nephilim nacido de madre humana y padre angélico, quien supuestamente guarda la clave de su destrucción. La trama intenta mezclar esto con una profecía en torno a un terrible super-ángel vengador llamado Pyriel, prisionero en la Tierra y dispuesto a acabar con toda la humanidad, pero la unión de los dos argumentos es confusa y no queda muy claro exactamente cuál es el papel que el chico juega en toda esta historia. De todas formas, todo este cuento no es más que una excusa para sacar de la manga nuevas imágenes de inspiración bíblica y paisajes desérticos que que evocan (muy sabiamente) a la primera entrega, además de un curioso remedo de la saga Terminator presente en la forma en que un ángel da caza al joven muchacho. 

En medio de este batiburrillo argumental sin pies ni cabeza está nuevamente la figura de Christopher Walken como al arcángel Gabriel, despojado de sus poderes y que curiosamente ya no es el villano sino que intenta proteger a Danayel por motivos que sólo él entiende. Walken está en esta entrega más comedido a nivel de actuación y su participación no es tan grande como en las películas anteriores. De hecho está reducido a un personaje secundario que parodia su propia condición de ángel y deja asomar los vestigios de una historia de redención que queda esbozada a medias. 

En general no estamos hablando de una película muy buena; sus intentos por enlazar con la primera parte son evidentes (como por ejemplo la inclusión arbitraria de personajes secundarios que aparecían en la cinta de 1995 y que solamente aquel que la haya visto sabrá reconocer), y su caótico argumento se empeña en seguir adelante y mostrar imágenes impactantes aún a costa de la coherencia de la trama. Pero al menos representa una mejora innegable con respecto a la terrible segunda entrega, hay un interés por ahondar en el imaginario visual de la cinta de Gregory Widen, y a pesar de sus modestos medios, intenta cerrar su argumento al final trayendo la historia de la guerra en el Cielo a lo que sería su necesaria conclusión. Esto último parece haberse quedado en puras intenciones ya que la saga tendría dos secuelas más lanzadas directamente a formato doméstico y ya sin la participación de Christopher Walken. En definitiva, quedaos con la primera, pero si sentís curiosidad, esta al menos no es del todo despreciable.