miércoles, diciembre 17, 2014

Reseña: Silent Night, Deadly Night 4 (1990)

Aquellos que vengan siguiendo la saga desde sus inicios muy probablemente se sientan defraudados con Silent Night, Deadly Night 4: Initiation (1990), puesto que esta cuarta entrega no sólo rompe con todo tipo de continuidad con las películas anteriores, sino que es a todas luces un producto divorciado por entero de la premisa que han mantenido. A un nivel aún mayor que la entrega anterior, esta cuarta parte no tiene absolutamente nada que ver con la Navidad y las escasas escenas que la vinculan de alguna forma a las típicas fiestas decembrinas se sienten como una imposición forzadísima destinada a hacer de este capítulo una parte de la serie. Pero no todo es malo: esta cuarta parte es también un regreso a cierto margen mínimo de calidad, y a pesar de su locura argumental, vuelve a sentirse como una película de verdad principalmente por el talento que hay tanto delante como detrás de las cámaras.

Para dar fe de ello sólo hay que mencionar el nombre de su director, el inconfundible Brian Yuzna, que nos trae aquí una de sus primeras películas, mostrando varias de sus marcas de estilo que ya había explotado en trabajos como la indispensable Society (1989) o Bride of Re-Animator (1989), que se estrenaron en cines mientras que esta de la que hablamos hoy fue a parar directamente a vídeo. Y si decíamos que tenía poco que ver con las anteriores lo decíamos en serio: basándose en un guión rechazado para la entrega anterior, Silent Night, Deadly Night 4 abandona el terreno slasher del Santa Claus asesino y construye un relato urbano de brujería y satanismo mezclado con un fuerte subtexto lésbico en lo que sin duda es una cinta singular dentro del panorama de principios de los noventa. Su argumento, en el que una joven reportera investiga la extraña muerte de una mujer anónima y termina enfrentándose a una secta de brujas modernas que buscan utilizarla para cumplir un terrible ritual, es también una nada velada explotación del miedo misógino que subyace al poder femenino y a la subyugación del macho alfa.

La película tiene muchos ejemplos de esto que estamos diciendo, tantos que sería muy largo enumerarlos aquí, y si algo sabe hace Yuzna es enredar esta trama con escenas y momentos realmente grotescos que casi siempre tienen como protagonista a la presencia del siempre grande Clint Howard como un vagabundo esclavo de las brujas, eso y un empleo de los preceptos de la Nueva Carne del que Cronenberg y Barker estarían muy orgullosos. Por supuesto que la película tiene sus fallos como un desarrollo muy rápido y un final abrupto en el que la resolución llega simplemente porque sí, pero nunca hay que olvidar que estamos hablando de un final al que hemos llegado por medio de una muestra desvergonzada de sexo orgíastico, lesbianismo satánico y el empleo literal/metafórico de insectos gigantes. 

Brian Yuzna llegaría a depurar más su estilo con el tiempo, pero esta falsa secuela lleva el germen de sus primeros trabajos, que fueron aquellos realmente radicales en cuanto a su particular y retorcida forma de emplear el horror. En esta casa le defendemos a capa y espada como uno de los grandes aunque no siempre haya acertado, pero en esta ocasión lo hace. Silent Night, Deadly Night 4 es una película que probablemente termine alienando a muchos, pero para mí al menos resulta mucho más interesante que la repetición slasher de entregas anteriores y que parece ser el camino que se espera de este tipo de sagas.

domingo, diciembre 14, 2014

Reseña: Silent Night, Deadly Night 3 (1989)

Continuación de la más longeva saga de terror navideño que haya visto, Silent Night Deadly Night 3: Better Watch Out! (1989) fue la primera entrega lanzada directamente en formato doméstico, y su poder de reivindicación del cine basura no nos impide decir que está incluso a la par de la segunda entrega en cuanto a incompetencia a nivel técnico, aunque también por desgracia es mucho menos divertida y carece del encanto especial que aquella entrañable secuela conseguía gracias a sus actores de segunda fila. Esta tercera parte, aún así, es una cinta realmente destacable por lo rara que es y las inexplicables salidas tanto argumentales como técnicas de las que hace gala su director, Monte Hellman, veterano discípulo de Roger Corman, quien fiel a las artes aprendidas de su maestro, se vanagloriaba de haber escrito el guión en una semana y haber rodado, montado y presentado el producto final en apenas un par de meses, cosa que se nota. Mucho.

Esta tercera entrega de la saga es también la última que seguiría el argumento de las dos anteriores al recuperar al asesino de la segunda entrega, Ricky, quien tras haber sido cosido a tiros al final de Silent Night, Deadly Night 2 (1987) ha sido salvado de la muerte gracias a una intervención que le ha puesto en coma y ha dejado su cerebro expuesto y nadando en una especie de domo transparente que le hace parecer un robot salido de alguna ciencia-ficción cutre de los cincuenta. La presentación del asesino en una rarísima secuencia onírica y la presencia del cacharro en la cabeza del antagonista (interpretado esta vez por nuestro querido y en esta ocasión desperdiciado Bill Moseley) son sin duda los primeros elementos extraños de esta secuela, pero sobre todo el aparato que lleva Ricky encima es lo más estrafalario que hemos visto en años y elimina de un plumazo cualquier posibilidad que tenía la película de poder ser tomada en serio, y eso que esta vez no estamos ante una comedia.

En lugar de las risas, esta película trata por el contrario de abordar un ángulo pseudo-científico en el cual el inescrupuloso doctor que ha salvado la vida a Ricky intenta explotar un vínculo telepático que este parece tener con una jovencita ciega con poderes mentales (!!!!) que por lo visto puede meterse en los recuerdos del asesino; esto no sólo permite la explotación del ángulo paranormal de la historia sino que además sirve de excusa para una vez más meter metraje reciclado de la película original, y aunque no lo hace ni de lejos en la proporción empleada en la segunda parte, la cinta sí que parece tener una confusión un tanto extraña en cuanto a la identidad del asesino, como si el guionista no hubiese recordado que Ricky no era el villano de la original. De todas maneras nada de esto importará una vez que la película nos someta a las rarísimas secuencias oníricas de la ciega protagonista, las inexplicables reacciones de los personajes que demuestran una nula dirección de actores, y los momentos inevitablemente risibles que se producen al ver al asesino haciendo autostop en la carretera vestido únicamente con una bata de hospital y (no lo olvidemos) una cabeza medio robótica que por lo visto nadie encuentra rara.

Está claro que Silent Night, Deadly Night 3 (1989) es una película atroz en todos los sentidos, cuyo mayor pecado quizás sea el hecho de que en realidad no tiene el ángulo navideño por ningún lado más allá de estar ambientada en Nochebuena (Ricky nunca se viste de Santa, por ejemplo) pero aún así es una obra tan bizarra que vale la pena ser revisada al menos una vez. Como nota curiosa quisiera destacar que el elenco tiene al menos dos actores de la serie Twin Peaks, y además cuenta con una jovencita Laura Harring en su primer papel no-televisivo, lo que sumado a la rareza general de la película (incluyendo una desconcertante imagen final) la vincula a David Lynch en más de un punto. Tal como decíamos antes, las siguientes partes de la saga serían historias completamente independientes, y esas también caerán en este trío de reseñas navideñas que hemos preparado.  

jueves, diciembre 11, 2014

Nuestro inevitable especial de Navidad

Hemos tardado casi una década en hacerlo, pero esta semana cae el primer especial navideño de Horas de oscuridad y no hemos encontrado nada mejor que rendir homenaje a una de las sagas de terror decembrino por excelencia. Tal como podéis intuir por la imagen que adorna estas líneas, dedicaremos la siguiente tríada de reseñas a cubrir las ya-no-tan-conocidas secuelas de Silent Night, Deadly Night (1984), aquel slasher con Papá Noel incluido que tan famoso se hizo y que acabó reseñado aquí hace ya un tiempo. Como recordaréis, por esta página también ha pasado la gloriosa Silent Night, Deadly Night 2 (1987), por lo que en los próximos días estaremos echando un vistazo a Silent Night, Deadly Night 3: Better Watch Out! (1989), Silent Night, Deadly Night 4: Initiation (1990) y Silent Night, Deadly Night 5: The Toy Maker (1991). 

Y por supuesto, recordad todos que estas serán las reseñas 592, 593 y 594 de nuestro blog. Todavía estáis a tiempo de enviarnos vuestras sugerencias para la inevitable número 600. Nos vemos allí.

miércoles, diciembre 10, 2014

Reseña: Somos lo que hay (2013)

Somos lo que hay (2013), remake americano de la película mexicana del mismo nombre que ya hemos reseñado aquí, ha resultado al final ser muy predecible en cuanto al camino que ha tomado, en poco diferente al que ya hemos visto en estas nuevas versiones hollywoodenses de películas que han triunfado en otros países. La base argumental de la que parte es la misma, y la mayor parte de los cambios que introduce sólo están destinados en realidad a hacer más digerible (comercialmente) una historia que bajo su truculencia tenía objetivos mucho más complejos. Con todo, es una experiencia distinta que muchos de los que gustaron de la original querrán de todas formas visitar. Aquí intentaremos dar una idea general de por qué.

Al igual que su contraparte mexicana, esta versión de Somos lo que hay nos introduce en el mundo de una familia de caníbales en la que la muerte repentina de un miembro de la familia pone en peligro la unidad familiar al entorpecer una ceremonia de corte antropófago que tiene que llevarse a cabo y para la cual el familiar muerto era una parte esencial, recayendo ahora esta responsabilidad en los hijos mayores. A partir de aquí es donde la película empieza a meter sus notables diferencias: aparte de la ambientación americana rural (en contraposición a las barriadas de Ciudad de México en la original), ahora es la madre la que muere debido a una misteriosa enfermedad y son las hijas las que deben asumir su legado mientras el padre procura la víctima. Pero el sexo de varios de los personajes es en realidad el menor de los cambios; la principal diferencia entre esta versión y la anterior es (tal como pensábamos originalmente) un cambio en cuanto a las intenciones temáticas de esta cinta.

Es así como su sustitución del inframundo de la capital mexicana por el ambiente rural típico del gótico americano hace que la nueva versión abandone por completo el comentario social de la película original y lo cambie por un discurso acerca del fanatismo religioso palpable en la estética de los personajes y una referencia obvia al origen de la formación de estas comunidades apartadas. Además, y muy probablemente debido al escaso componente de terror de la original, esta película es mucho más explícita que su antecesora en lo que se refiere al tema del canibalismo, y da muchas más explicaciones acerca del pasado de la familia y la naturaleza y significado exactos del ritual que se disponen a llevar a cabo, lo cual muy probablemente termine siendo de agrado de aquellos que, como yo, consideran la original demasiado aburrida para una sesión de cine de terror. A pesar de todo esta sigue siendo una cinta muy discursiva y es sólo hacia el final cuando toma un giro de terror más convencional, resumido en un desenlace que busca impactar al espectador.

Tengo que decir que todos estos cambios y explicaciones adicionales no bastan para que termine de recomendar la película del todo. Estéticamente es hermosa y toca algunos temas que me han parecido muy interesantes, y valga decir que es menos aburrida que la original, pero con todo y eso la versión mexicana tenía cosas más inquietantes a nivel de discurso que en esta han sido sustituidos por una violencia fácil y ya muy vista como la de ese absurdo desenlace. Así que a la hora de decidirse creo que habrá que tener en cuenta qué es lo que se está buscando; si se quiere disfrutar de una película más dada al horror aunque se sacrifique aquello que hacía destacar la original, entonces esta versión de Somos lo que hay sería la correcta. Eso sí, tampoco hay que esperar gran cosa. 

martes, diciembre 09, 2014

Reseña: Aullidos 2 (1985)

Hablando de secuelas extrañas, una de las que mejor encaja en dicha definición es esta continuación del clásico de Joe Dante Aullidos (1981), la cual como cosa rara no tiene casi nada que ver en cuanto a estilo con su predecesora a pesar de que de todas las numerosas secuelas de la saga es la única que hace al menos una referencia a la original e intenta tener algún tipo de continuidad. Es también una cinta irremediablemente atada a la estética de su época y que no tarda en rendirse a sus múltiples atributos camp, por lo que aquellos que sólo conozcan la original muy probablemente terminen rechazándola, pero sería un error, y aquí intentaremos explicar por qué.

El prometedor título de Aullidos 2: Stirba, la mujer lobo (1985) debería ser un indicativo muy claro de por dónde va la cosa en esta ocasión. De hecho, el inicio del argumento es tan sólo una excusa para poner la cosa en marcga: el hermano de la protagonista de la primera película conoce a un misterioso cazador de licántropos (glorioso Christopher Lee en un nuevo trabajo alimenticio que revela como pocas cosas el ángulo británico de esta coproducción) que le anima a unirse a un viaje a las remotas tierras de Transilvania para acabar con Stirba, la reina de estas criaturas. Tanto la presencia de Lee como el argumento de corte fantástico-gótico (en contraposición con el ambiente claramente moderno de la película original) revelan a Aullidos 2 como una reinvención de la clásica historia de la condesa Elizabeth Bathory y sobre todo un intento de resucitar el estilo de las antiguas películas de la Hammer por medio de su estética con castillos y pueblos perdidos en parajes remotos de Europa, así como su marcado componente erótico.

Como ya habréis podido adivinar por la imagen que adorna esta reseña, la mayor parte de este erotismo gráfico está en la agradecida presencia de la sex symbol y figura de serie B austríaca Sybil Danning, explotada hasta la saciedad en su faceta de bomba sexual gracias a su muy revelador vestuario y por supuesto dándolo todo en una sobreactuación gloriosa que sin embargo es lo que da a la película gran parte de su encanto particular. De hecho, el principal atractivo que ha pasado a tener Aullidos 2 con el paso del tiempo ha sido gracias a su elenco que incluye auténticas glorias, no sólo Danning y Lee sino también el omnipresente Reb Brown. La presencia de todas estas estrellas eleva de categoría a lo que a todas luces es un guión absurdo que mezcla conceptos ya pasados de moda con una estética pasmosamente eighties, sumada a una estructura de explotación en ocasiones muy evidente como la ya clásica (y gratuita) escena de la orgía de los licántropos o el disfrute sexual de la reina Stirba con sus secuaces. Es curioso también como este personaje se presta a una confusión de términos ya que si bien oficialmente estamos hablando de una cinta de hombres-lobo, hay muchos elementos tomados de la mitología vampírica, no sólo en cuanto al personaje de Stirba sino también en cuanto al énfasis del argumento en el ocultismo o la ambientación en Transilvania.

Y sin embargo ninguna de esas cosas quita que estemos ante una película entrañable y sobre todo muy diferente a lo que se podría esperar. Aquellos que estén esperando una historia seria de hombres-lobo o una continuación digna de la película de Dante mejor será que vayan a otro lado, pero los que dejen un poco de lado sus expectativas se encontrarán ante una de las secuelas más insólitas posibles y una película que hay que ver sin duda. Como ya todos sabéis, la saga de Aullidos tendría varias secuelas más que aunque correctas tomarían un camino mucho más convencional y mucho menos memorable. Esta que tenemos aquí, en cambio, triunfa por méritos propios, ya que a pesar de su desastroso guión, su generalizada incompetencia, sus risibles escenas de miedo y lo descabellado de algunas de sus decisiones estéticas (la banda sonora, el montaje paralelo con escenas de una banda de rock, su arbitrario uso de la música incidental, sus cortinillas, su fascinante vestuario), resulta difícil olvidarla gracias a su desparpajo, el innegable carisma de su elenco y el sex appeal de la que sin duda es la reina de los licántropos de aquí a la eternidad. No es para todo el mundo, pero sí es muy recomendable.

sábado, diciembre 06, 2014

Reseña: El exorcista 2 (1977)

Mientras nos acercamos poco a poco a la sexcentésima reseña, quiero aprovechar la oportunidad para traer a colación una película que desde hace tiempo quería mencionar, sobre todo en esta época que me ha dado por revisar secuelas poco agraciadas de grandes clásicos. Pero hay más en esta elección que un vulgar completismo: el verdadero motivo por el que deseo hablar de El exorcista 2: El hereje (1977) es romper una lanza a favor de su muy interesante director, John Boorman, un muy prometedor cineasta que rodó grandes obras durante los tempranos setenta y que estaba destinado a ser uno de los grandes de Hollywood, hasta que el destino quiso que su carrera se diluyese en películas muy extrañas como Zardoz (1974), Excalibur (1981) o la que hoy nos toca. Es justo que la mencionemos porque si bien las dos anteriores han sido reivindicadas con el tiempo como obras de culto (en mayor o menor grado), El exorcista 2 sigue teniendo la fama de una de las peores secuelas jamás hechas, y a pesar de que no faltan motivos para pensarlo, hay algunas cosas que deseo rescatar de ella y compartir aquí.

El argumento es, después de todo, el que se podría esperar: cuatro años después de los eventos ocurridos en El exorcista (1973), el Vaticano ordena a un sacerdote traumatizado una investigación acerca de la muerte del padre Merrin, lo cual inevitablemente lleva a nuestro protagonista a reencontrarse con la joven Reagan, quien parece haberse recuperado de su experiencia gracias a la ayuda de una psicóloga y su extraña máquina de sincronización hipnótica. Este ángulo pseudocientífico se mezcla con la historia del origen del demonio Pasuzu, quien descubrimos no ha abandonado del todo a su víctima. Esta es digamos la parte convencional de la trama, puesto que todo el resto es un delirio que mezcla sueños, jóvenes con poderes, varias almas conviviendo en un mismo cuerpo, la dualidad de la propia Reagan (desdoblada aquí en sus personalidades humana y demoníaca) y el encuentro del padre Merrin con Pasuzu en un perdido templo africano. Boorman va arrojando todos estos conceptos uno tras otro sin piedad y el resultado es, hay que admitirlo, una película caótica en la que se nota hubo un esfuerzo titánico por parte de sus responsables de vincularla con los elementos exitosos de la primera parte a como diera lugar, aún sacrificando la lógica narrativa.

Y sin embargo hay cosas que me siguen fascinando aún hoy, teniendo en cuenta que no había visto esta película en al menos veinte años: John Boorman, como siempre, consigue crear una atmósfera muy buena por momentos, y particularmente nunca he podido sacarme de la cabeza esas imágenes de Reagan en el balcón de una Nueva York que se ve imponente y asfixiante con sus enormes torres de concreto, que encuentran su paralelo en los acantilados africanos donde se mueve el sacerdote interpretado por Richard Burton. Aparte de eso, la idea de los orígenes del demonio como un Mal antiguo y exótico es en realidad muy buena, y es una lástima que la película no la haya explorado más en lugar de saltar constantemente entre una locación y otra. De hecho si algo me quedó claro tras volver a ver esta cinta es lo sobredimensionado que está el personaje de Reagan, cuando en realidad su presencia debería haber sido algo secundario. En lugar de eso la película la explota hasta la saciedad en una clímax surrealista que parece más bien una excusa para, por un lado, reciclar parte del ambiente de la original, y por otro lado erotizar a una crecidita Linda Blair que a sus dieciocho años se ve muy diferente a la niña que era cuando se hizo famosa. Y a eso tenemos que sumar algunas imágenes un tanto insólitas como la del hechicero africano disfrazado (literalmente) con un traje de langosta.

Dicha imagen, sumada al un tanto estrafalario concepto de la máquina de hipnosis y su muy endeble subtrama psiquiátrica, resume bastante bien los problemas que público y crítica tuvieron con El exorcista 2, los cuales ya venían cargados con los prejuicios que dan el ser la continuación de una de las más celebradas películas de terror de todos los tiempos. Creo sinceramente que estamos ante algo que pudo haber sido mucho mejor al estar como estaba en las manos de un cineasta con mucho que ofrecer. Por desgracia, un argumento caótico y mal llevado, una ambivalencia acerca del tono que se quería dar y algunas decisiones un tanto insólitas de casting (esa amiga de Reagan que es una evidente sustitución de su madre sólo se explica por la negativa de Ellen Burstyn a repetir su papel) terminan lastrando una obra con alguna que otra pincelada de genialidad pero que no puede evitar venirse abajo. Atención, repito una vez más, a ese rarísimo desenlace y a esa imagen final del guerrero espiritual perdiéndose en el horizonte con la damisela salvada. No me parece para nada una de las peores secuelas jamás hechas, como dicen, pero sí es verdad que es una de las más extrañas.

domingo, noviembre 30, 2014

Ya son casi 600...

Pensábamos que este día nunca iba a llegar, sobre todo con el ritmo de actualizaciones que hemos tenido en los últimos meses, pero todo eso está a punto de cambiar porque Horas de oscuridad se acerca a las 600 reseñas, y una vez más lo celebramos preguntando a los lectores que nos quedan cuáles son las cintas que compondrán la tríada de reseñas especiales (598, 599 y 600) que publicaremos aquí. Pueden dejar sus sugerencias tanto en los comentarios de esta entrada como en nuestra página de Facebook. Y recuerden que tienen una lista de todas las películas que hemos reseñado aquí, que ya el número de entradas es lo bastante grande como para que alguna se nos haya olvidado. 

Los espero.

sábado, noviembre 29, 2014

Reseña: Stage Fright (2014)

A pesar de manejar un buen concepto y de tener innegables aciertos, tengo que reconocer que Stage Fright (2014) me supo a poco y en mi opinión no consiguió hacer justicia a las expectativas que se generaron debido a su premisa. Es verdad que la idea de un musical de horror no es nueva, pero los referentes de un ejemplo reciente como Repo! The Genetic Opera (2008) quizás nos queden demasiado lejos, mientras que esta película de la que hablamos hoy parte de una base temática con la que todos los que lean esto seguramente estarán muy familiarizados ya que la cinta aborda el género slasher siguiendo un patrón evidentemente tomado de clásicos como Scream (1996) y, sobre todo, Sleepaway Camp (1983), con la que tiene obvios e intencionales parecidos.

De hecho el argumento es muy similar al de varios de los ejemplos de slashers de principios de los ochenta, con un crimen del pasado y el resurgimiento de los crímenes por parte de un asesino enmascarado que comienza a cargarse a los integrantes del elenco y equipo de un musical maldito que está siendo escenificado de nuevo por un grupo de chicos en un campamento de teatro. Esto último me parece de lejos el punto más destacable de la película, ya que la inclusión de este campamento no sólo funciona como una parodia de series como Glee sino que también otorga una mirada muy graciosa a la obsesión de los theater geeks y su vulnerable mundo. Es ahí de donde la película saca algunos de sus mejores momentos cómicos a pesar de que en el apartado del terror le falta todavía.

Aquí probablemente sea donde no me ha convencido mucho; Stage Fright intenta jugar en su indefinición de forma un tanto torpe, y nunca termina por decantarse del todo como una comedia o como una película slasher de toda la vida. Encima el misterio acerca de la identidad del asesino está muy claro prácticamente desde el principio no sólo porque sean pocos los personajes que encajan con su perfil sino también porque la propia película lo evidencia si uno conoce cuáles son los referentes que maneja de décadas pasadas. Pero la que quizás sea la mayor de sus carencias es que la película, después de todo, es poco musical; los números musicales no son tantos como cabría esperar a pesar de lo que se muestra en el trailer, con lo que en todo momento se siente que sus responsables no han querido dar a la cinta el toque radical que necesitaba.

Con todo y eso, es una historia entretenida que tiene algunos aciertos innegables y un muy buen elenco. Hubiese deseado sólo que se decantara más hacia el horror o hacia la comedia y que se hubiera decidido a incluir un mayor número de canciones que justificasen su condición de musical de horror. De hecho, algo que comentaba la gente al salir de ella es que la reinterpretación de dichas canciones en clave heavy metal durante los créditos finales resultaron ser mejores que las versiones que se escuchaban durante la película. Eso sí, de lo que sí me han quedado ganas es de ver una adaptación kabuki de El fantasma de la ópera como la que se ve aquí. 

jueves, noviembre 20, 2014

Reseña: What We Do in the Shadows (2014)

Tras haber arrasado en festivales, What We Do in the Shadows (2014) fácilmente se perfila, al menos para el que escribe, como una de las principales candidatas para lo mejor de este año y además como una de las mejores comedias de horror de los últimos tiempos. No es fácil que diga esto teniendo en cuenta que esta producción neozelandesa de los mismos de Flight of the Conchords emplea para su propuesta el formato de falso documental tan de moda hoy en día y hacia el cual tiendo a guardar cierto escepticismo, pero este no es para nada el caso: estamos por el contrario ante una película que sabe aprovechar muy bien sus recursos y que además hace alarde de un conocimiento del género que parodia realmente envidiable, y todo siendo al mismo tiempo bastante respetuosa con el material.

Aquí en este blog ya hemos hablado de ella en ocasiones pasadas, pero aquellos despistados deben saber que la premisa de la película trata de un equipo de cineastas que elaboran un documental siguiendo el día a día de Viago, Vladislav, Deacon y Petyr, cuatro vampiros que comparten una casa en Wellington, Nueva Zelanda. Cuatro tipos de vampiros muy distintos entre sí, de personalidades (y edades) muy variadas que además responden a cuatro arquetipos cinematográficos que hemos visto en varias ocasiones. Decir más es redundante a estas alturas porque la película pronto se encarga de pasearnos por la cotidianidad de sus personajes y su vida en la ciudad, aparte de las típicas situaciones a las que un ser de la noche debe enfrentarse como la necesidad de ser invitado para entrar en los sitios, procurarse víctimas con regularidad, el enfrentamiento con otros monstruos y las dificultades que inevitablemente surgen cuando un hecho fortuito resulta en la creación de un nuevo compañero que les enseñará a vivir la vida moderna.

La muy certera parodia que la película hace de los lugares comunes y convenciones del género de vampiros (al que desmenuza por completo) puede causar el rechazo de aquellos que busquen una película de terror, pero en el apartado de comedia es una obra muy inteligente que destaca no sólo por su guión sino por el trabajo que hacen todos sus protagonistas, motivo por el cual es recomendable verla en versión original. Cuando llega el final te das cuenta de que esa hora y media se te ha pasado volando y en ella has desarrollado un cariño enorme hacia estos entrañables seres de colmillos largos que te han mantenido con la mirada fija en una cinta que domina su material cómico a la perfección y que consigue disfrazar su aspecto de documental de forma muy eficiente, hasta el punto de que no pocas veces olvidé por completo que estaba viendo un trabajo con este formato.

Y es que allí está precisamente la principal fortaleza de What We Do in the Shadows, en el dominio absoluto de los códigos reconocibles del cine de vampiros y en la forma en que estos se presentan en pantalla para ser puestos en evidencia, y no sólo en su vertiente clásica de seres elegantes de capa y mirada siniestra sino también en su vertiente monstruosa, en su faceta de rebelde modernidad, en su faceta medieval e incluso en su vertiente romántica actual. Una gran película, sin duda, y en cuanto a comedias de terror de los últimos años no puedo pensar de momento en nada más recomendable que esto.

domingo, noviembre 16, 2014

Reseña: The Babadook (2014)

The Babadook (2014), la nueva sensación del cine de terror australiano, es una película que se puede ver de varias formas; la primera, quizás la más superficial, es verla como una historia de terror sobrenatural lanzada muy probablemente con la idea de seguir la estela marcada por el éxito de Insidious (2011), con la que tiene muchas semejanzas en cuanto a su estilo y su recreación del miedo con estética infantil. La segunda, la más interesante, es el equilibrio perfecto que consigue al tomar esos mismos elementos y trasladarlos al mundo adulto mediante una premisa que hemos visto muchas veces pero que en pocas ocasiones se ha llevado a cabo de forma tan efectiva.

Digo muchas veces porque la historia en sí es algo que hemos visto en más de una ocasión incluso en esta casa, que no es sino la representación de ese arquetipo cultural conocido como el "hombre del saco", una entidad terrorífica que no es tanto un personaje como una idea, y que la mayoría de las veces debe su existencia precisamente al hecho de que los personajes creen en él. Es eso más o menos lo que ocurre en esta película cuando una madre lee a su hijo un misterioso y tenebroso libro infantil e implanta en él (y en ella misma) la idea del monstruo que da título a la película, una criatura con abrigo negro, sombrero de copa y afilados dientes que comienza primero a poblar sus pesadillas para luego cobrar poco a poco una mayor presencia física a medida que su existencia se hace innegable. 

Con esta idea la película perfectamente podría haber tomado un camino mucho más convencional y explícito al que finalmente ha tomado, pero no es así. Parte del interés que reside en la historia es la forma en que la amenaza del monstruo no es lo único contra lo que la protagonista debe luchar, ya que sus noches de terror se intercalan con días desesperados al intentar lidiar con una severa depresión tras la muerte del marido, la inestabilidad laboral y los constantes cuidados que requiere un niño con serios problemas de comportamiento. Este punto, que normalmente es el lado débil de este tipo de cintas de terror con niños, aquí por el contrario es una de sus mayores fortalezas, y es precisamente lo que consigue trasladar la historia al terreno del que sin duda es uno de los mayores miedos del adulto: el fracaso absoluto ante una paternidad que te supera y la frustración que ello produce. Esta última idea es además la que otorga cierto carácter ambiguo a una película en la que el "Babadook" es real y a la vez irreal, tiene presencia corpórea pero es producto de la situación personal de una protagonista que en el fondo lo ha creado.

Esto último me parece clave porque una de las principales quejas que he escuchado acerca de The Babadook es que el origen del monstruo no es algo en lo que se indague mucho, cosa que no es para nada cierta. No voy a soltar detalles del argumento, por supuesto, pero a mi juicio la película deja bastante claro de dónde viene realmente la criatura al lanzar pistas muy obvias acerca de la pasada ocupación de la protagonista y del hecho importantísimo de que el libro está incompleto, dejando entrever el carácter indefinido de la amenaza. Por si fuera poco todas estas ideas están sustentadas además con una ambientación envidiable y una estética que está a medias entre la oscuridad infantil y el terror más clásico (de nuevo aquí las inevitables comparaciones con Insidious), unas actuaciones muy buenas por parte de un elenco muy pequeño, y en general una de las más interesantes películas de terror que hemos podido ver este año.