martes, abril 21, 2015

Reseña: Honeymoon (2014)

Otra grata sorpresa que nos llevamos el año pasado, Honeymoon (2014) es otra muestra de que la mayoría de las propuestas más interesantes del cine de terror están llegando de fuentes ajenas al circuito mainstream. Partiendo de unas ideas muy básicas y un escenario ya visto antes (una pareja joven que pasa su luna de miel en una apartada cabaña en el bosque), la directora Leigh Janiak consigue un relato de miedo con una premisa fantástica pero tratada de una forma muy realista que la hace tremendamente cercana incluso a costa de ir en contra de lo que normalmente solemos encontrar en este género. 

Sabiendo esto, la trama es muy sencilla y se toma su tiempo con los personajes. Gran parte de la cinta, de hecho, se va en establecer la relación entre Bea y Paul, con sus cursilerías, sus anécdotas, sus chistes privados y todos los detalles de su cotidianidad. Estos elementos, sin embargo, no están allí de relleno sino que serán vitales una vez que se da el giro de terror: una noche, Bea parece tener un episodio de sonambulismo tras el cual su comportamiento cambia de forma repentina hasta el punto que su marido comienza a albergar dudas acerca de la persona que está a su lado. Lo más curioso de todo es que casi la totalidad de la trama muestra únicamente los dos actores y un único y gigantesco escenario del solitario bosque donde una misteriosa presencia parece rondar a los protagonistas. 

Estos detalles que en principio parecen opuestos a lo que una historia de terror debe ser son sin embargo lo mejor que tiene: en realidad, más que buscar la complicidad con el espectador avisado de que está viendo "una de miedo", la película proyecta una luz un tanto incómoda sobre la degradación (vertiginosa esta vez) de la vida en pareja y cómo la convivencia cercana termina aflorando el reverso siniestro de aquellos que amamos, en este caso además simbolizado en un creciente sentimiento de paranoia y una transformación física que presagia un terrible, inevitable y violento desenlace. Todo esto es importante porque en muchos sentidos, Honeymoon es muy parecida a lo que sería una hipotética versión explícita de Anticristo (2009), de Lars von Trier, quizás más inclinada de forma obvia hacia el terror pero con muchos puntos en común. Es probable que esos paralelismos, sin embargo, sean una casualidad puesto que los referentes de esta película de la que hablamos hoy son más que obvios, con Cronenberg a la cabeza pero también con ciertos elementos de terror de los cincuenta de los que toma sobre todo el clima de desconfianza propio de la idea del Doble.

Leyendo opiniones que he conseguido por allí, veo que las reacciones ante esta cinta han sido muy dispares. Considero que gran parte de esto se explica por el hecho de que la película parece prometer un acercamiento mucho más comercial debido a sus dos protagonistas, Rose Leslie y Harry Treadaway, actualmente famosos gracias a sus roles televisivos en Juego de tronos y Penny Dreadful, respectivamente. Su presencia ciertamente augura un producto mucho más convencional de lo que termina siendo, puesto que como mencionábamos arriba, la parte de auténtico terror tarda en llegar y la sutileza de la película está continuamente provocando al espectador y prometiendo una revelación explícita que nunca termina de llegar del todo. Sin embargo creo que el objetivo de la cinta es otro, y es el drama entre los dos personajes y la frustración del público ante una situación que se escapa de su control lo que al final la hace más memorable, por mucho que la película sí tenga algunas imágenes realmente perturbadoras en sus concesiones a conceptos como la Nueva Carne. Lo juramos, Cronenberg estaría muy orgulloso.

viernes, abril 10, 2015

Reseña: Starry Eyes (2014)

Durante una escena crucial de Starry Eyes (2014) hay un personaje que suelta un discurso acerca de la decadencia de Hollywood, de la apatía de sus habitantes y de la miseria de una ciudad envuelta en niebla e indigna de la gloria de su pasado. En estos diálogos se esconde el punto central de una de las películas de terror que mayor impacto han causado en mí recientemente, y una que sorprende más aún por el hecho de que sus muy interesantes ideas se esconden tras la fachada de una historia muy sencilla que incluso puede ser resumida en unas pocas líneas: Sarah Walker, una de las miles de aspirantes a actriz que pueblan la ciudad paseando entre un trabajo miserable y decenas de castings infructuosos, recibe de repente la oportunidad de su vida cuando un ataque de histeria llama la atención de los misteriosos jefes de una muy antigua productora que le ofrecerá convertirla en una estrella a cambio de un muy alto precio.

Siguiendo las constantes del género que tocamos aquí, es muy probable que quien lea estas líneas ya pueda intuir a qué se refiere ese precio que Sarah habrá de pagar, así como los puntos clave de una historia que toca un gran número de puntos comunes con otros relatos de terror: satanismo urbano, sectas, y sobre todo el pacto sobrenatural producto del choque entre una ambición idealista y las frustraciones del mundo real. En el caso de Starry Eyes esto está aderezado con una fijación casi enfermiza en el sufrimiento del personaje de Sarah, quien a lo largo de la cinta no sólo sufre las vejaciones propias de su frustrante situación sino que también pasa por una martirizante transformación física que constituye probablemente la mayor concesión que la película hace al cine de miedo, con una mirada muy evidente a la obra de otros directores que han tratado el tema tales como el Polanski de antaño.

Digo que esto es la mayor concesión porque los principales logros de la cinta están en su muy marcado simbolismo; desde el nombre de la productora (Astraeus Pictures) hasta la constante visión de la colección de fotografías que Sarah tiene en su habitación y que muestran a grandes estrellas del pasado, revelando así el carácter cíclico del argumento, eso por no hablar de la manera cómo se representa un Hollywood oscuro, gris y casi permanentemente nublado (sólo he visto la película dos veces pero creo recordar que no hay ningún plano en donde se vea el sol). Pero lo que probablemente sea el tema que más me ha interesado ha sido la manera cómo la cinta describe un conflicto generacional visto a través de los amigos de Sarah, un grupo de jóvenes a los que la película muestra como seres completamente indolentes que se reúnen para pasarlo bien y que se autodefinen como artistas pero a quienes nunca vemos hacer realmente nada. Es este carácter vacuo lo que empuja a Sarah a aceptar el pacto y dejar que sus responsables cambien su vida infundiéndole unos nuevos ojos, una nueva perspectiva que la transforma por completo. 

Es precisamente esta transformación final y su muy sangriento desenlace lo que el público suele recordar más de una película como Starry Eyes, y también el motivo por el cual se puede enmarcar dentro del género de terror. El resto de la película es muy asfixiante morality tale acerca de la ambición pero también acerca de la búsqueda de sentido vital en medio de una existencia gris de la que vale la pena escapar así sea a través de lo monstruoso. Una gran obra llena de detalles a la que ha valido la pena revisitar.

lunes, abril 06, 2015

10 de hace 10 (presentación)

Probablemente muchos de vosotros no lo sabéis, pero hoy lunes, 4 de abril, Horas de oscuridad cumplirá diez años.

Esperad un momento mientras asimilo esto.

Una vez repuesto de la sorpresa, he estado pensando un buen rato acerca de la mejor manera de conmemorar esta primera década de una página que he ido actualizando a ritmos diferentes y no siempre con el mismo ahínco. De entrada algo que puedo decir es que la estructura oficial de tres reseñas seguidas de dos entradas de transición no siempre funcionó, algunas secciones que me entusiasmaron en su momento han quedado en el olvido, y algunas decisiones por mi parte tuvieron algo de polémica y aún así me aferro a ellas a pesar de que terminaron perjudicándome a nivel de visitas, como por ejemplo la decisión de dejar de poner notas a las reseñas. Esta es una idea que sigo defendiendo, valga decir, por una sencilla razón: está demostrado empíricamente que cuando le pones notas a las películas, la mayor parte de los lectores tiene a fijarse en esta nota y pasar completamente del texto que has preparado.

Con todo y eso, ha llegado la hora de hacer algo especial, algo con perspectiva, y para ello se me ha ocurrido algo que no sólo me sacará del apuro sino que además me permitirá hacer un homenaje al que fue uno de mis blogs favoritos de cine y uno que por desgracia duró muy poco tiempo: hablo del absolutamente genial blog de Tumblr 10-year-old movies, que analizaba con gran detalle y un envidiable criterio una serie de películas que sólo tenían en común el haber sido estrenadas diez años antes.

Aquí en Horas de oscuridad haremos lo mismo, lo que nos permitirá dejar constancia de esa perspectiva de la que hablo al re-visitar una selección de diez películas que vi allá por el lejano 2005, películas que en su momento me gustaron (o no) y que ahora pondré nuevamente bajo escrutinio para comprobar de primera mano qué tan bien (o mal) las ha tratado el tiempo. Ojo: no serán nuevas reseñas, sino un intento de ver lo que esas películas significaron en su momento y la influencia que han tenido en el cine de terror posterior. Esta sección se llamará, como no podía ser de otra forma, 10 de hace 10, y si sale bien, muy probablemente la repita el año que viene.

¿Cuánto aguantará este invento antes de que todo desaparezca y esta página (como todo) se una al Nirvana digital? Imposible saberlo de momento. Esperad entonces muy pronto la primera aportación, esperando que sea de vuestro agrado una vez más. Y a aquellos que me hayan estado acompañando durante los últimos diez años: gracias, aunque sinceramente no sé cómo me aguantáis.

sábado, marzo 28, 2015

Reseña: German Angst (2015)

Mi primera candidata a lo más destacable del año, German Angst (2015) es la nueva entrada en esta tendencia cada vez mayor del cine de terror de antologías, especialmente aquel que recupera viejas glorias del cine de miedo de décadas pasadas. En el caso de la que hoy nos ocupa, se trata de una producción de la cual no había escuchado mucho y de la que ni siquiera vi en su momento el trailer; un avance engañoso, por cierto, ya que la mayoría de sus imágenes se realizaron con actores y escenarios diferentes a los que terminaron apareciendo en la película. Pero a pesar de que fui prácticamente a ciegas, tenía grandes expectativas sólo por el hecho de que uno de los tres segmentos traía de vuelta a Jörg Buttgereit, director de la controversial Nekromantik (1987) y uno de los nombres más conocidos del cine de terror alemán de las úlimas décadas y a quien le perdí la pista hace muchos años. El resultado superó todo aquello que podía esperar; se trata de una película muy sólida que no sólo es muy desagradable de ver en ocasiones sino que incluso guarda un discurso coherente en torno a su procedencia ya intuible desde el título, que hace un juego entre un término que habla de la identidad típicamente germana con una palabra que, además, significa literalmente "miedo".

Buttgereit dirige el primer segmento, Final Girl, probablemente el menos convencional y el más minimalista en cuanto a su pequeña puesta en escena, sus escasos personajes y su total ausencia de diálogos más allá de una voz en off desconectada de una acción principal, una historia transgresora al involucrar una joven adolescente y una trama de psicopatía, abusos y mutilación explícita. El segundo segmento, Make a Wish, pertenece a Michal Kosakowski, director del documental Zero Killed (2012) y que aquí explota su origen polaco en pos de la creación de un relato de torture porn con un mensaje marcadamente político. De las tres historias, esta es probablemente la más difícil de ver no sólo por lo violenta que es sino por su tono profundamente pesimista acerca del carácter abritrario de la violencia racista y su vuelta macabra a los conceptos de víctima y verdugo. Este relato en particular, coherente además con el tono que ha mostrado Kosakowski en sus anteriores trabajos, terminó diviendo al público de la sesión que presencié.

Finalmente el tercer relato de la película, Alraune (nombre alemán de la mandrágora que guarda un gran parecido fonético con la palabra alemana para "pesadilla") fue mi favorito de los tres. Está dirigido por Andreas Marschall, y a pesar de que es el más convencional en cuanto a narrativa (con tres actos muy diferenciados y una narración líneal), es también el más elaborado en cuanto a estética, lo que evidencia de forma clara tanto su trabajo de ilustrador de portadas heavy metal como su preferencia por el Giallo italiano que ya había demostrado en Tears of Kali (2004). En esta ocasión se trata de una historia de contenido erótico/surrealista que se va por los derroteros de la Nueva Carne y cuyo explícito tratamiento de lo sobrenatural la convierte en la única de las tres historias que se puede considerar cien por cien de terror.

En general puedo decir que salí de esta experiencia muy impresionado, y sintiendo que estaba ante una de las mejores del año. A pesar de que son pocas las historias, German Angst consigue algo que normalmente no se suele encontrar en este tipo de cintas de antología y es un equilibrio en cuanto a la calidad de los segmentos y un hilo temático unitario que en este caso se debe principalmente a su excelente manejo de los rincones ocultos de Berlín como escenario del terror. De las tres, Alraune (sabiamente colocada al final) es la que quizás termine gustando más a todo el mundo ya que se siente como un largometraje sin partes de relleno, mientras que las otras dos poseen argumentos mucho más sencillos y pueden llegar a ser muy desagradables para un público mayoritario. En todo caso, si tenéis oportunidad de verla, entrad sin duda. 

jueves, marzo 26, 2015

Reseña: Tusk (2014)

Antes de comenzar a hablar de Tusk (2014) creo necesario mencionar que nunca he conseguido comulgar del todo con la obra de Kevin Smith. Uno de los principales motivos de ese prejuicio es lo cargante que me parece ese personaje que ha creado en torno a sí mismo y que en muchas ocasiones ha prevalecido por encima incluso de sus películas, algo a lo que parece contribuir de forma consciente. De todas formas, había escuchado opiniones muy encontradas de la cinta de la que hablamos hoy, la primera de su trilogía canadiense y su nuevo acercamiento al género de terror desde la desconcertante (aunque interesante, he de admitir) Red State (2011). De todas formas, y para dejar demostrado cómo en muchas ocasiones las anécdotas personales del director quedan por encima de su obra, hay que hablar un poco de cómo se gestó la cinta ante la que hoy nos encontramos: como muchos saben ya, esta película parte de un charla que el propio Smith mantuvo en su podcast en la que se hizo referencia a un supuesto anuncio de Craiglist en el que un hombre ofrecía una habitación gratuita con la condición de que el inquilino se pusiera de vez en cuando un traje de morsa que había confeccionado. A partir de esta bizarra anécdota (que probó más adelante ser falsa) Kevin Smith empezó a construir en directo un posible relato de terror pidiendo a su audiencia que votara a través de Twitter si quería que la película se realizara o no. El resultado salta a la vista.

Y eso es precisamente lo que tenemos con Tusk. En un alarde de metatextualidad con mucho de autobiográfico, la película cuenta la historia de un joven aspirante a cómico que consigue gran fama a a través de un provocador podcast muy popular y que viaja a Canadá en busca de historias extrañas qué relatar en su programa. El personaje principal es muy coherente con la obra de Smith y de hecho en muchos aspectos no es sino una versión exagerada de sí mismo: un antiguo nerd catapultado a la fama gracias a su corrosivo ingenio y que ha terminado por adoptar una máscara que ha suplantado por completo su personalidad y lo ha convertido en un ser arrogante y egocéntrico. Es sin duda un personaje muy bueno y muy bien construido, lo que ciertamente ayuda una vez que se topa de frente con el horror y asistimos a su muy prolongado sufrimiento. A partir de aquí es mejor que no cuente nada más porque mientras menos se sepa del argumento mejor, cosa por otro lado difícil ya que el propio director lo ha destripado en numerosas ocasiones.

Sabiendo ya todas estas cosas, y siendo consciente de entrada acerca de lo polarizadas que han sido las opiniones en cuanto a ella, debo decir que la película me sorprendió de forma muy positiva, al menos en mayor medida de lo que hizo en su momento Red State. Hay sin duda muchos aciertos, el principal de ellos un elenco que nuevamente echa mano de Michael Parks (más desquiciado que nunca y bordando su papel a la perfección), un Justin Long que canaliza muy bien su rol de alter-ego de Smith, así como algunas sorpresas tales como un Haley Joel-Osment adulto y hasta Johnny Depp en un caricaturesco papel por el que ni siquiera aparece acreditado con su nombre verdadero. Todo esto no hace sino resaltar el tremendo nivel de absurdo de una propuesta que va entre la comedia negra y una historia de horror truculenta al estilo de The Human Centipede (2009), inevitable y obvia referencia una vez que llegamos a la premisa principal.

Pero si algo está claro es que no es una película fácil ni una que vaya a calzar muy bien con todo tipo de público. En ocasiones se hace un tanto larga y reiterativa y muchas veces se vuelve autocomplaciente al regodearse de forma excesiva en su propio absurdo (hay escenas de diálogos con el personaje de Johnny Depp que parecen eternas), y tanto la confrontación final como el desenlace sólo se pueden tomar a broma. Ha sido precisamente este final, y el momento durante los créditos cuando escuchamos el podcast que dio origen a la idea, lo que finalmente me terminó de convencer que una vez más Kevin Smith está troleando a su público y que toda la cinta (al igual que la mayor parte de su carrera) no es sino una broma jugada a expensas de la audiencia. Esto en parte explica las reacciones tan variadas y las emociones tan intensas que despierta su director. En todo caso, me ha parecido una película interesante que merece ser vista, a pesar de todas sus carencias.

miércoles, marzo 25, 2015

Reseña: Spring (2014)

Entré a ella sin saber absolutamente nada y quedé gratamente sorprendido al descubrir en Spring (2014) uno de los mejores ejemplos recientes de mezclar de forma exitosa géneros diametralmente opuestos; si bien los componentes de horror están allí, la verdad es que esta es en realidad una cinta de claro corte fantástico que desemboca en un romance sobrenatural, y tanto su argumento como su marcado carácter exótico le dan una estructura innegable de cuento de hadas moderno. Con el tiempo hemos tenido muchos ejemplos similares, pero pocos tan destacables.

Comienza, eso sí, como una película muy diferente, con nuestro protagonista huyendo de su país por problemas legales e iniciando una aventura de mochilero por Europa que lo lleva hasta un pueblo costero italiano, donde conoce a una hermosa chica que podría o no ser un monstruo. Dicho así el argumento parece por un lado la típica historia de terror de turistas o una monster movie en toda regla, pero muy pronto esto cambia. En primer lugar porque, contrariamente a lo que suele suceder en este tipo de cine, la revelación acerca de la verdadera naturaleza de la chica se revela muy pronto, y el personaje en cuestión no es simplemente antagónico sino que tiene tanto protagonismo como el chico, y gran parte del tiempo de metraje se va en hablar de sus orígenes y de la verdad acerca de su condición polimorfa.

De hecho es la profusión en los diálogos una de las cosas que más me llamaron la atención; casi toda la cinta transcurre entre estos dos únicos personajes, y la mayor parte de su interacción es dramática (salvo una escena en particular que alude precisamente a ese aspecto de "trampa para turistas" la película es muy parca en horror) y no deja de resaltar en todo momento los conflictos morales que la chica tiene con su naturaleza. La gran cantidad de diálogos y el constante paseo por el hermoso (y antiguo) paisaje del sur de Italia me hicieron pensar en una hipotética versión fantaterrorífica de Antes del amanecer (1995), con la que comparte muchos temas no sólo en cuanto a su vertiente romántica sino también en cuanto a la búsqueda de sentido vital. Pero todo esto, a pesar de lo que muchos podáis pensar, no se siente para nada forzado y está dotado de algunas imágenes de gran belleza. 

Probablemente esta película no sea del agrado de todos los visitantes de esta página debido a la evidente carga romántica y el hecho de que sus componentes de horror cedan preferencia a la fantasía mitológica, pero sería un error. Estamos de hecho ante una cinta muy buena cuyo único pecado sea quizás el de ahondar demasiado en una larga y recurrente serie de explicaciones pseudocientíficas acerca de la naturaleza del monstruo que francamente desentonan con el ambiente de mitología y cuento de hadas que se deja entrever en todo momento. Con todo y eso me ha parecido un trabajo muy digno al que pienso dar un nuevo visionado a la menor oportunidad.

martes, marzo 24, 2015

Lo mejor del Fantasy Filmfest Nights 2015

Este fin de semana estuvimos metidos de cabeza en el Fantasy Filmfest Nights, pequeña maratón que como todos los años trae un abreboca del festival para el próximo verano. Nuevamente hemos tenido la oportunidad de ver las diez películas que se presentaron el sábado y el domingo, y aunque a nivel general no hubo tantas obras destacables como en entregas anteriores, ha habido un par de descubrimientos interesantes que compartir. Los que lo deseen pueden pasarse por esta lista de Letterboxd donde hemos preparado una serie de micro-reseñas de todo lo que vimos, aunque desde ya hay que dejar claro que no todas son de terror.

En cuanto al género que nos toca en este blog, y debido a nuestra escasa periodicidad de los últimos tiempos, no podemos prometer que caerán reseñadas todas, pero sí podemos asegurar un espacio para aquellas tres que más impresionados nos dejaron: Spring (2014), Tusk (2014) y sobre todo la excelente German Angst (2015), nuestra favorita de esta edición. Y lo haremos ya, mientras las tenemos frescas en la memoria, así que a partir de mañana, ya sabéis el trío de reseñas que se avecina.

viernes, marzo 13, 2015

Reseña: La profecía 2 (1978)

Cerrando esta trilogía de reseñas sobre secuelas abandonadas, confieso que en esta ocasión he decidido hacer trampa, ya que a diferencia de las dos anteriores esta vez hablo de una cinta que ya había visto. No sólo eso; La profecía 2 (1978) es una de las primeras películas de terror que recuerdo haber visto en mi vida, si no la primera. En aquel momento varias de sus imágenes se me quedaron muy grabadas, en mayor medida incluso que la película original, la cual no llegué a ver sino muchos años después. Desde entonces, sin embargo, no la había vuelto a ver, así que he decidido aprovechar esta oportunidad para revisitarla y comprobar cómo ha envejecido. El resultado ha sido ligeramente decepcionante ya que es evidentemente muy inferior tanto a La profecía (1976) como a mi propio recuerdo de ella, pero tiene muchos detalles curiosos para mencionar y que intentaré explicar en la medida de lo posible.

La película tiene lugar siete años después del desenlace de la primera parte, con un Damien adolescente que vive con su familia adoptiva sin saber nada de su destino hasta que se enfrenta a la revelación de ser el Anticristo. Ya de entrada el detalle de hacer de Damien el protagonista de la historia es algo innovador, aunque sólo está hecho a medias; gran parte del metraje sigue al tío de Damien, interpretado por el veterano William Holden y que aquí repite en cierta forma el personaje que ya hacía Gregory Peck en la original. Con todo y eso hay un énfasis claro en la formación de Damien y en la forma como descubre ser el hijo de Lucifer. Dicha subtrama está por desgracia sólo insinuada y de hecho la película es muy inconstante en cuanto a la supuesta maldad de Damien, sus habilidades o el grado de voluntad que hay detrás de las muertes de aquellos que le rodean.

Esta inconstancia de la que hablo es el principal problema que le veo a la película, más allá del innegable hecho de que trata su tema con mayor superficialidad que la cinta de Richard Donner. Como decíamos arriba, parte de lo que hace interesante el argumento es que Damien parece ignorar al principio de la película cuál es su destino y es sólo más adelante cuando lo descubre. La revelación parece en un principio causar un conflicto en él, pero esta idea se deja inmediata e inexplicablemente de lado: una vez que descubre quién es, Damien abraza su destino de forma automática e incuestionable hasta el punto que da la impresión de que siempre supo quién era, lo que roba a la película de unas grandes oportunidades dramáticas que se desperdician, como la confrontación entre el joven y su primo al que siempre había tratado como a un hermano. La escena no funciona porque todo el mundo parece aceptar muy fácilmente la idea del Anticristo como si fuese algo muy natural, cuando en realidad lo único sospechoso de Damien es la impresionante cantidad de gente que muere a su alrededor. Este body count (mucho más alto que el de la primera película) contiene algunas muertes memorables, pero son tantas que terminan siendo predecibles y pierden todo su impacto a pesar de que la película bombardea al espectador con la música de Jerry Goldsmith. 

Y sin embargo hay cosas muy rescatables, siendo la principal de ellas (para mí al menos) el joven actor Jonathan Scott-Taylor en el papel de Damien, todo un acierto de casting que le da un punto de legitimidad a una película menos seria de lo que parece en un principio. Es una lástima que la cinta no haya explotado el lado dramático de su personaje y que el propio Scott-Taylor no haya tenido una carrera más fructífera, porque definitivamente es él lo mejor de una película que ya tenía un muy buen elenco. Hablando de esto último, hay un punto más que me ha parecido curioso y que quisiera resaltar, y es que el argumento de la cinta muestra dos personajes que se revelan desde muy pronto como aliados del Anticristo y que ayudan a Damien a descubrir su verdadera naturaleza. Estos dos personajes, a la hora de la verdad, no hacen realmente nada en la película y siempre me pregunté por qué. Investigando un poco, sin embargo, me he enterado de que los responsables de La profecía 2 planeaban estrenar una tercera parte al año siguiente, así que muy probablemente estaban reservando esos dos personajes para la secuela. Dicha tercera entrega llegó a realizarse en el año 81, pero con un elenco completamente distinto y ambientada años más tarde con un Damien adulto. Entretanto, concluyo con que esta segunda entrega de una de mis películas de terror favoritas es todavía pasable, evidentemente más superficial y no tan efectiva, pero con algunas interesantes ideas.

miércoles, marzo 11, 2015

Reseña: The Eye 2 (2004)

Siguiendo con mi actual tendencia de recuperar secuelas desdeñadas en su momento, toca hoy hablar de The Eye 2 (2004), con más de una década de retraso pero confirmando lo que siempre he sostenido, y es que hablar de estrenos recientes es algo que cada vez me interesa menos. Lo que sí siento que debo recordar a todos es mi opinión personal (e intransferible) de la primera The Eye (2002); en caso de no querer acercarse a aquella antiquísima reseña, os recuerdo que la película original nunca ha sido una de mis favoritas. Es innegable que aquella cinta que lanzó a la fama a los hermanos Pang resultó ser un gran éxito y una de las obras más reconocibles de la ola de terror asiático que invadió Occidente durante los primeros años de la década pasada, pero a falta de un nuevo visionado insisto en que es una película a la que se le dio mucho más bombo del que merecía. Esta segunda parte, dirigida nuevamente por los hermanos, se estrenó en 2004, es decir, cuando la fiebre por el terror asiático estaba en pleno apogeo y también cuando nos empezó a llegar un gran número de trabajos inferiores destinados únicamente a suplir nuestra insaciable demanda. La película de hoy es buen ejemplo de ello.

Partamos de la idea de que tanto el título de la película como su conexión con la cinta anterior de los Pang es completamente arbitraria; en esta ocasión el ojo no tiene que ver con el fenómeno a tratar, sino que más bien se trata de una chica que sobrevive a un intento de suicidio y comienza de repente a ver fantasmas, uno de los cuales parece tener una gran obsesión con el bebé que lleva dentro de su cuerpo. Como vemos, la historia es completamente distinta, aunque sí se mantiene un poco el tema del contacto con lo sobrenatural y cierta explotación del carácter exótico de su argumento al introducir temáticas del budismo de una forma francamente un tanto superficial. Fieles a una constante en prácticamente toda su filmografía, los Pang realzan una dualidad cultural entre Hong Kong y Tailandia, aunque no de forma tan marcada como en otras películas suyas. Curiosamente, no hay casi trama de investigación sino más bien un énfasis en el sufrimiento de esta pobre chica al tener que lidiar con los fantasmas en su vida cotidiana. De hecho es sólo muy cerca del final cuando se da una explicación al fenómeno, y por desgracia lo hace a través de la resolución de un melodrama mundano y vulgar que me pareció no sólo muy pobre sino además dotado de una condescendencia misógina sonrojante.

La inclusión de este melodrama amoroso es algo que confieso me descolocó mucho porque no me lo esperaba en ningún momento, pero por otro lado es cierto que, extrañamente, esta secuela es muy parca en auténtico horror. A pesar de que no me parece ninguna obra maestra, la primera The Eye al menos ponía más empeño en contar una historia interesante y tenía algunas secuencias de miedo auténticas como aquella escena del ascensor. En esta segunda parte no hay nada de eso, y los sustos fáciles muchas veces se ven acompañados de unos efectos especiales muy pobres y un CGI destinado a realzar situaciones antinaturales como por ejemplo reflejar de forma perfecta la cara de la actriz en un suelo mojado o sacar caras fantasmales en una ecografía abdominal. Asimismo el desenlace es quizás lo peor de todo, cuando la cinta cae incluso en comedia involuntaria al mostrar la curiosa lucha entre la protagonista y el fantasma que la acosa. 

Es verdad que no me esperaba gran cosa, pero nunca pensé que me decepcionaría tanto al ver The Eye 2. Es en verdad una secuela muy débil y una cinta muy por debajo de los estándares de los hermanos Pang, quienes han tenido obras mucho más interesantes. Lo peor es que esta saga de fantasmas tiene dos secuelas más que también veré y comentaré aquí, porque ese es el tipo de persona que soy. A lo mejor va siendo hora de volver a ver la original y comprobar si mi opinión sobre ella no habrá cambiado en todos estos años.

martes, marzo 10, 2015

Reseña: Candyman 2 (1995)

Si tenéis tiempo ya visitando este blog sabréis sin duda que Candyman (1992) es una de mis películas de terror favoritas, y también una de las piezas de miedo más interesantes de la por lo general ignorada década de los noventa. Todavía hoy me sigue sorprendiendo que tan poca gente la haya visto, así que aprovecho esta oportunidad para enlazar la reseña que sacamos anteriormente de ella y recomendar que le echéis un vistazo si queréis encontraros con una cinta de terror mucho más inteligente de lo habitual y muy distinta a lo que normalmente se suele ofrecer. Me sorprende también el hecho de que a pesar de lo que me gusta la original nunca le haya dado una oportunidad a sus secuelas, cosa que he buscado remediar finalmente. El resultado estuvo más o menos dentro de mis expectativas: Candyman 2: Adiós a la carne (1995) es una continuación muy predecible, un trabajo mucho más comercial y convencional que si bien posee algunas buenas ideas, deja de lado gran parte de lo que hacía interesante la película original y abraza por el contrario los aspectos más superficiales de la película de Bernard Rose. Aquí buscaremos explicar por qué.

Tras un prometedor inicio que enlaza con la película original, esta segunda parte busca lo que por otro lado era de esperarse como el siguiente paso a seguir, que no es otro que construir una historia que ahonde en los orígenes del misterioso fantasma asesino de la mano de garfio y lo que le sucede a aquellos que lo invocan diciendo su nombre cinco veces delante de un espejo. El develar los orígenes del monstruo era el paso fácil a dar, e incluso antes de leer la sinopsis de la película ya me imaginaba que ese sería el argumento, pero por otro lado este es el primer gran error que la cinta comete, ya que parte de lo que hacía interesante al personaje (nuevamente interpretado por el siempre genial Tony Todd) es lo ambiguo de sus orígenes y la manera como el mito se confunde con la realidad. La película no solamente arruina eso sino que encima decide cambiar por completo de locación al trasladar la historia a Nueva Orleáns, lo que por otro lado es un intento muy obvio de explotar el componente exótico del villano y vincularlo con un trasfondo acerca del pasado esclavista de los Estados Unidos, un ángulo interesante que ya se intuía en la original pero que aquí está exacerbado. 

Es una lástima que este ángulo histórico no se desarrolle mejor; en lugar de eso esta segunda parte se va por los derroteros de una trama de investigación en la que de nuevo una joven (y blanca) maestra de primaria investiga la historia de Candyman y desentierra con ello una maldición familiar que obsesionó a su padre y causó su terrible muerte. Con todo y sus carencias, esta subtrama de la protagonista hurgando en el pasado está mucho mejor planteada que toda la parte policial, inverosímil y superflua hasta niveles vergonzosos, además de que nunca tiene repercusiones para la protagonista, con lo que perfectamente se la podrían haber ahorrado. Todo lo demás, aquello referente al pasado del Candyman y el origen de su maldición, tiene momentos muy oscuros y algunas muy buenas ideas, pero no es tampoco nada sorprendente. De hecho, algunos de las mejores cosas que tiene esta secuela son, una vez que lo pienso, cosas que provienen de la película original, tales como el status de leyenda del monstruo entre las clases bajas, la presencia intangible de Candyman en medio de las ruinas urbanas, la imponente presencia de Tony Todd y hasta el tema musical de Phillip Glass. 

Muy previsiblemente, el clímax de la película se traduce en una confrontación final con el monstruo resuelta de manera arbitraria y poco creíble. Sumemos a eso una abundancia de "sustos falsos" y unos personajes olvidables, y llegamos a la conclusión de que esta segunda entrega de Candyman es un trabajo meramente alimenticio. Es una lástima porque, repito, hay algunas ideas buenas y la película en cierta forma insinúa una maldición ligada al ocultamiento de ese complejo de culpa del americano blanco y su no-confrontamiento con su pasado de victimario, pero todo eso está sepultado bajo algo definitivamente muy inferior a la primera parte, que sigue siendo recomendada desde aquí sin ningún pudor.