viernes, agosto 28, 2015

Reseña: La casa del fin de los tiempos (2013)

La casa del fin de los tiempos (2013) fue una película a la cual le seguí la pista desde el momento de su estreno, aunque por motivos de disponibilidad geográfica no pude verla hasta más de año y medio después. Algo que recuerdo de aquel entonces fue toda su campaña publicitaria en la que se aseguraba que estábamos ante la primera película de terror venezolana. Si esto es cierto o no es algo que no puedo asegurar ya que tristemente soy muy ignorante en lo que se refiere a cine de miedo hispanoamericano, pero si algo me quedó claro tras verla es que esta, en realidad, no es una película de terror al cien por cien: a pesar de su siniestro imaginario y del manejo de su argumento, la película es en realidad un ejemplo de cine fantástico de temática oscura pero que a la hora de la verdad parece más interesado en presentar una fascinación por lo desconocido que en explotar sus posibilidades de terror. En ese sentido, y a sabiendas de que quizás no lo esté explicando de forma clara, la película me trajo a la mente algunos ejemplos recientes del cine apadrinado por Guillermo del Toro, específicamente El orfanato (2007), con la cual comparte el tema de una madre buscando a su hijo desaparecido y lidiando para ello con una presencia que al menos en un principio parece sobrenatural.

Tengo que reconocer que esta película me gustó mucho más de lo que inicialmente esperaba, y creo que el principal motivo es que a pesar de la sencillez de su planteamiento (toda la película transcurre prácticamente en un único escenario de una casa oscura y laberíntica) es sin embargo un trabajo ambicioso que no trata al espectador como idiota sino que le permite ir armando él mismo la historia a través de una estructura de narrativa fragmentada, saltando de una época a otra intentando esclarecer la desaparición. Es en el misterio del niño desaparecido y la madre que lo busca desesperadamente donde se encuentran los únicos elementos de terror, puestos delante del espectador como una cortina ante lo fantástico que únicamente se revela al final. Espectadores más espabilados que yo muy probablemente pillen este desenlace desde mucho antes que se produzca, pero no fue mi caso y aún así creo que el misterio está muy bien construido. Ciertamente ayuda mucho el escenario de la casa, que está muy bien aprovechado, como aprovechada está también la actuación de su absoluta protagonista, Ruddy Rodríguez, quien me sorprendió con un trabajo sumamente natural teniendo en cuenta lo que hasta la fecha le he visto hacer.

No engañamos a nadie si mencionamos las evidentes aspiraciones comerciales de una película como esta, y su estructura es completamente mainstream no sólo por la presentación sino también por sus muy evidentes influencias, de las que sin embargo no abusa para nada. Pero al mismo tiempo se agradece que se haya tomado su argumento y su propuesta en serio y haya conseguido esquivar algunas de las trampas de trabajar con niños y la falta de naturalidad que muchas veces he visto en este tipo de productos, al menos en cuanto a actuación. A nivel técnico se notan a veces las carencias, sobre todo en el intento de envejecer treinta años a su protagonista, pero al mismo tiempo hay una compensación en el empleo de la casa como un sitio sin artificios de ninguna clase. Honestamente, considero que el cine venezolano necesita muchas más películas como esta, y en lo personal me agrada la idea de revitalizar para el cine de terror a mitos eróticos noventeros como Ruddy Rodríguez.

Curiosamente, y a diferencia de lo que suele ocurrir en estos casos, el desenlace es uno de los mejores detalles de La casa del fin de los tiempos, y aunque como decía arriba es probable que muchos lo vean venir (sobre todo si han pillado las referencias de la película) no por eso desmerece. Para mí el principal problema de este final es que desmonta el ambiente de terror tan eficiente que la película había construido, algo que por cierto también pasaba en El orfanato pero que aquí al menos es mucho más interesante. Vale la pena, así que echadle un vistazo.

martes, agosto 04, 2015

Reseña: La cueva (2014)

A manera de anécdota debo contar que vi La cueva (2014) durante el verano pasado en el Berlin Fantasy Filmfest, bajo el mucho más pomposo título In Darkness We Fall. Supongo que este título se debe al hecho de que ya existe una cinta de terror anglosajona titulada The Cave (2005) y no querían prestarse a confusiones. El caso es que entré sin saber nada de ella, y mi sorpresa fue mayúscula porque la terminé disfrutando mucho a pesar de que en términos generales no creo que vayamos a recordarla de aquí a un tiempo. De todas formas, tampoco creo que las intenciones detrás de ella hayan estado muy alejadas de esto porque tengo la sensación de estar principalmente ante un intento por parte de la productora Filmax de repetir el éxito conseguido años atrás con REC (2007); aquí se repiten varios de los mismos elementos que funcionaron aquella vez, desde el formato de metraje hallado, la cámara en mano en medio de la oscuridad y una situación genuinamente angustiosa de un grupo de amigos de excursión en Formentera que se pierden en una laberíntica caverna y van sucumbiendo a la desesperación cuando el hambre, la sed y el miedo comienzan a apoderarse de ellos.

Todo esto conforma un arsenal de terror bastante básico, hay que admitirlo, pero que por una vez parece funcionar. Es una suerte porque la verdad es que no hay prácticamente nada de originalidad en esta película: ya desde prácticamente el principio quedan muy bien establecidas las distintas personalidades de cada uno de los miembros del grupo, así como la existencia de una capa conflictiva que subyace debajo de lo que a primera vista parece ser una gran amistad, y no sólo eso sino que incluso el menos avispado del público podrá anticipar ya desde los primeros minutos cuál será el papel que desempeñará cada uno de estos personajes una vez que llegue la situación límite en la que se encuentran. En fin, todo muy obvio y prácticamente sin ninguna sorpresa, puesto que incluso el final se puede fácilmente intuir.

Lo que sí es verdad que no pude anticipar fue el uso tan eficiente que la película da a su muy limitado repertorio. Tal como mencionábamos arriba, aquí no hay monstruos ni enemigos de ninguna clase, sino que son los propios personajes los que dan rienda suelta al horror una vez que su relación se resquebraja y comienzan a ser dominados por su desgracia. El recurso de la cámara en mano es un tanto barato y no siempre está justificado más allá de la funcionalidad que tiene para el propio espectador (básicamente la creación de una perspectiva subjetiva que te mete de lleno en la película), pero el gran acierto que tiene, uno del que además puede jactarse ante otras historias de cavernas que hemos reseñado en el pasado, es en su uso de locaciones reales. No solamente estamos hablando de que rodaron en una cueva de verdad, sino que incluso el hecho de que los personajes en ningún momento puedan ponerse completamente de pie ayuda a crear un clima de angustia impresionante que hizo que lo pasara muy mal. No exagero: por un momento llegué a sentirme físicamente mal y estuve a punto de salirme de la sala hasta que el interés por el argumento me retuvo, así que aquellos que sufran de algo de claustrofobia ya quedan advertidos.

Esta sensación visceral es probablemente lo más destacable de La cueva, ya que como decíamos no estamos ante un trabajo muy original o que vaya a marcar una pauta en el cine de terror actual, ni siquiera dentro de este formato tan de moda como el del docu-terror. Sin embargo, teniendo en cuenta mis (justificados) prejuicios ante el uso del metraje hallado como recurso, el que haya encontrado una cinta de estas características como algo rescatable no es algo que se vea todos los días. 

lunes, julio 27, 2015

Reseña: Insidious 3 (2015)

Insidious 3 es la última adición a la tendencia actual del horror mainstream de fagocitar no sólo su edad de oro sino también aquellas todas obras recientes que tengan la más mínima probabilidad de convertirse en franquicias de éxito. En este caso, la gran rentabilidad de la saga iniciada por James Wan en 2010 tiene todos los elementos para convertirse en una máquina de generar sustos y beneficios, lo cual con toda seguridad ha sido el principal argumento a favor de una secuela que en el fondo nadie estaba pidiendo. Tengo que confesar que yo mismo guardaba mis reticencias, muy a pesar de que había leído numerosas reseñas positivas, por varios motivos: el primero de ellos es la ausencia esta vez de Wan como director (quien cede el puesto a su guionista y habitual colaborador Leigh Wahnnell), pero también está el hecho de que es una precuela y que a juzgar por los avances no parecía querer distanciarse mucho de la pauta marcada por el original. Finalmente me preocupaba que a pesar de que disfruté mucho la segunda parte, este tipo de cintas por lo general va perdiendo calidad con cada entrega. Hay algo de eso, pero con todo el resultado es mucho mejor de lo que pensaba y demuestra que al menos Wahnnell ha intentado estar a la altura. ¿Lo consigue? En parte sí.

Lo de "en parte" viene porque a decir verdad, y tal como presentíamos en un principio, Insidious 3 no se distancia mucho en cuanto a estilo de las dos cintas anteriores, más allá del hecho de que en esta ocasión el protagonismo ya no recae en la familia de la primera y segunda entrega sino que nos situamos varios años antes con una entidad maligna torturando a una jovencita y robando poco a poco su fuerza vital. Sin embargo, algo que me parece destacable es que a pesar de la información ofrecida en el trailer, el verdadero protagonismo de la cinta tampoco está realmente en esta joven sino en Elise, la medium de la primera Insidious (2010) que aquí vuelve a estar magistralmente interpretada por Lin Shaye. No es nada común que las historias de terror estén protagonizadas por mujeres mayores, pero incluso sin tener esto en cuenta, el trabajo de Shaye es excelente, y es ella sin duda lo mejor de la película, sobre todo porque a diferencia de la primera entrega aquí vemos toda su evolución desde una mujer presa del miedo y rota por una pérdida hasta una heroína que se enfrenta a lo sobrenatural.

Todo el resto sigue la fórmula mostrada ya por James Wan en las otras dos cinbtas, aunque por algún motivo que desconozco se han reducido en parte las extravagancias formales de las que la primera película hacia gala, y de hecho es sólo en el tramo final cuando se da rienda suelta a ese mundo paralelo y oscuro en el que Elise lucha contra su enemigo, esa especie de Hades cinematográfico que se convirtió en lo más reconocible de la saga y que nuevamente proporciona los mejores sustos de la película y un ambiente de absoluta vulnerabilidad y peligro como pocas películas logran hacer. Es verdad que es ya la tercera vez que visitamos este mundo y por lo tanto no hay sorpresas, pero la cinta sabe dosificar sus sustos y mantiene los trucos baratos al mínimo, algo muy de agradecer.

Lo único que quizás me molestó un poco aparte de la escasa originalidad es el hecho de que en esta ocasión no se ahonda mucho en el trasfondo de ese "enemigo" al que se enfrenta Elise; no sabemos nunca quien es ni cuáles son sus motivaciones, cuando en las dos películas anteriores este era un tema al que se le daba metraje y proporcionaba una capa más de horror a todo el asunto. Eso y una resolución final un tanto acomodaticia y muy en la onda de un Deus Ex Machina, le roban un poco de valoración. Pero en el fondo me ha parecido bastante decente y aquellos a quienes les hayan gustado las dos anteriores la disfrutarán. Está claro que se trata de una precuela alimenticia hecha únicamente para seguir explotando un éxito inesperado, pero en ese sentido se han visto casos mucho peores que este, así que podéis ir tranquilos.

viernes, julio 24, 2015

10 de hace 10: Los renegados del diablo (2005)

Nota explicativa: "10 de hace 10" es el nombre de una nueva sección en la que re-visitamos diez películas estrenadas hace diez años, en la esperanza de ver qué tan bien (o mal) han envejecido. La idea es que consigamos publicar estas diez entradas durante el 2015, año del décimo aniversario de "Horas de oscuridad". La inspiración para este invento la tenéis aquí.

Para esta segunda entrega de las revisiones de nuestro décimo aniversario he decidido incluir Los renegados del diablo (2005), segunda película de Rob Zombie y aquella que lo confirmó como una de las más prometedoras voces del cine de horror en los primeros años del nuevo siglo. De hecho, esta secuela de La casa de los 1000 cadáveres (2003), si bien no fue un gran éxito comercial y generó opiniones encontradas en la crítica mainstream de su momento, causó una gran sensación entre los seguidores del género de terror y apareció en varias listas de lo mejor de ese año y en lo mejor incluso de la década, listas en las que por supuesto incluimos la nuestra. Tanto es así, que el resto de la filmografía de Rob Zombie, tanto en su vertiente más comercial como en sus proyectos más arriesgados, no ha podido escapar de las inevitables comparaciones con este trabajo, todavía considerado por muchos como uno de sus mejores. Pero, ¿es realmente así? Diez años después ha llegado el momento de revisitarla para ver qué tal ha envejecido y cuál ha sido su legado.

Como ya mencionaba arriba, Los renegados del diablo es una pseudo-secuela de La casa de los 1000 cadáveres. Digo pseudo-secuela porque a pesar de que existe una continuidad narrativa y que definitivamente hay que haber visto la primera película para al menos tener claro en qué posición comienza el argumento, los cierto es que son dos cintas muy diferentes que se parecen en muy poco. Esto fue algo que Zombie tenía muy claro desde el principio, y puso por lo visto todo su esfuerzo en hacer que esta segunda entrega tuviese un ritmo, una estética y unos referentes alejados de los de su primer largometraje. La primera película, como ya sabemos, tiene una estética y un tono en sus actores y en su escenografía completamente extravagante y exagerado, tanto que por momentos parecía que estábamos viendo un cartoon de terror completamente lleno de artificios en los que sin embargo se colaba un sadismo similar al de La matanza de Texas (1974), innegable fuente de inspiración de esta historia acerca de una familia de asesinos ocultos en la América rural de principios de los setenta.

La segunda parte abandona por completo esa idea y acomete la nada fácil misión de ofrecer una película en la que el norte a seguir no parece ser ya el cine de terror setentero sino el western, si bien no se puede negar que en gran medida Zombie construye el argumento como un homenaje a La matanza de Texas 2 (1986), a la que sin duda se parece mucho y en la que encontramos un número considerable de paralelismos en su trama de venganza de un enloquecido sheriff contra los asesinos de su hermano. Tal como sucedía en aquella película, el personaje de William Forsythe comienza como un justiciero pero termina convirtiéndose en un ser tan desquiciado como los monstruos a los que persigue, y Zombie termina de dar la vuelta a este concepto poniendo esta vez el foco de atención en los integrantes de la terrible familia Firefly, quienes pasan a ser una especie de antihéroes que si bien continúan con su serie de asesinatos aleatorios, demuestran también una innegable humanidad que hace que el público termine identificándose con ellos. Esto último es el verdadero gran mérito de la película y aquello que la emparenta con un western trágico al estilo de Grupo Salvaje (1969), así que en ese sentido el objetivo de Rob Zombie se cumple a la perfección.

Pero este fin se cumple en muchas ocasiones a costa de una coherencia interna tanto de la película como de la saga a la que pertenece; no exagero si digo que algunos personajes, principalmente la Baby Firefly de Sheri Moon, parecen aquí personas completamente distintas sin ninguna continuidad con su trabajo en la película anterior, algo que también sucede en menor medida con el Otis de Bill Moseley, mucho más calmado y taciturno que en su demencial encarnación de La casa de los 1000 cadáveres. Sin embargo esto es una queja sólo a medias, ya que el elenco sigue siendo no sólo lo mejor de la película en sí sino también de lo más impresionante que he visto en muchos años en el cine de terror. De hecho, es bien sabido que en su momento los fans de esta película hicieron una petición a la Academia para que nominaran a Moseley al Oscar por su actuación en esta secuela, algo que honestamente no me puedo imaginar como un evento posible.

El resto se sostiene muy bien a pesar de algunos elementos específicos que dejé pasar entonces y que hoy en día me chirrían un poco: la estética granulosa y falsamente setentera choca con el ocasional uso de una sangre CGI que se ve terriblemente falsa y que resta poder incluso al (por otro lado) excelente final, y todavía se nota que Zombie presta más atención a sus fetiches estilísticos que al argumento. Esto último forma una parte muy importante de su legado ya que el director insistiría en sus preferencias formales en dos cintas futuras que (para mí al menos) representan lo mejor de su carrera: Halloween 2 (2009) y The Lords of Salem (2012), las cuales explotarían mucho más su imaginario de terror surrealista, que curiosamente tiene en esta película de la que hablamos hoy su ejemplo menos elaborado.

Por todos estos motivos me temo que debo soltar algo con lo que quizás muchos de los que leéis este blog no estaréis de acuerdo, y es que Los renegados del diablo es una cinta que no ha envejecido tan bien como el resto de la obra de Rob Zombie. Con diez años de por medio, considero que gran parte de su éxito tuvo que ver con el hecho de que se estrenó en el momento ideal, cuando a mediados de la década pasada presenciábamos un renacer del horror físico y "realista" que glorificaba el gore, la tortura y el sufrimiento corporal como los principales elementos de un cine de terror que hoy en día ya no parece ser la norma. En ese sentido, y aunque en muchos aspectos es una obra mucho más amateur, considero más arriesgada una propuesta como La casa de los 1000 cadáveres, la cual también vi recientemente sin este sentimiento de ligera decepción con el que me he encontrado esta vez. Sigue siendo una excelente película, sin duda alguna está entre las principales de ese horror físico al que nos referíamos, y artísticamente es todo un triunfo considerando que terminó siendo algo diametralmente opuesto a lo que el público esperaba, pero el tiempo ha terminado por matizar mi opinión inicial e incluso el propio Rob Zombie parece haber evolucionado en su propio estilo hacia trabajos mucho más interesantes que están, sin embargo, más cercanos en espíritu al terror de feria de su ópera prima que al western de esta continuación.

lunes, junio 15, 2015

Reseña: Poltergeist 2 (1986)

Es curioso que a pesar de que tenía prácticamente el mismo tiempo sin ver ninguna de las tres, tenía en mi mente un recuerdo bastante marcado tanto de la primera como de la tercera parte de la saga Poltergeist, pero no recordaba prácticamente nada de la segunda. Así que en preparación para la reseña del remake (que ya he visto, por cierto), he decidido terminar de dar un repaso a la trilogía original. Para mi sorpresa, Poltergeist 2: The Other Side (1986) terminó siendo una película muy distinta a lo que me esperaba. Es sin duda una secuela muy inferior que hace saltar por los aires gran parte de los aciertos de la primera parte, pero aún dentro de su evidente medianía y su intento por hacer un producto más convencional tiene espacio para algunas buenas ideas y aciertos que intentaré abordar aquí.

La trama de la que parte tiene lugar un año después de la original (aunque la película se estrenó en 1986, cuatro años después de la primera, con lo que los niños se ven algo creciditos), con la familia protagonista asediada por las dificultades económicas después de haberse quedado sin casa, y arrimados todos en casa de la abuela. Una vez allí observan cómo nuevamente la pequeña Carol Anne vuelve a estar en la mira de espíritus malévolos, por lo que una vez más deberán recurrir a la ayuda de la psíquica interpretada por Zelda Rubinstein y a un místico nativo americano en lo que es probablemente uno de los mayores clichés que nos podamos echar a la cara. Una cosa que llama la atención esta vez es que todos los actores que interpretaban a la familia original regresan a sus respectivos papeles, a excepción de la hija mayor, quien no aparece. Esto se debe, como sin duda sabréis ya, a que la actriz que interpretaba dicho papel murió poco tiempo después del estreno de la primera película. Pero lo curioso es que en vez de dar su personaje a otra actriz, esta secuela decide simplemente hacer como si nunca hubiese existido, omitiendo toda referencia a ella para así no romper el discurso de fuerza-en-la-unión-familiar que ya se presentaba en la primera película pero que aquí está exacerbado hasta convertirse en el principal punto temático.

Pero si hay algo que define esta secuela y explica su cambio de naturaleza es el momento en el que llegó: en 1986, el cine de terror americano mostraba un panorama muy diferente al que se encontró la primera Poltergeist (1982); el auge del horror sobrenatural y el éxito de películas como Pesadilla en Elm Street (1984) hizo que los responsables de esta segunda entrega optaran por una cinta mucho más oscura y macabra que en demasiadas ocasiones chocaba con la temática mística y pseudo-New Age que todavía se dejaba ver, encima aderezada por el lugar común del exotismo místico presente en la figura de los indios americanos. La película acierta al intentar ampliar la mitología de la original, y su decisión de darnos esta vez un villano claramente identificado es interesante por las referencias al pasado pionero de Estados Unidos y la presencia de extrañas sectas religiosas, pero ninguno de estos temas calza muy bien con ese toque fantástico que se le intenta dar en ocasiones y la a veces sonrojante insistencia en el poder del Bien representado en la idea de la familia. Eso sí, una cosa que no recordaba para nada de esta película es que el famoso artista suizo H.R. Giger colaboró con varios diseños de ese oscuro mundo sobrenatural, incluyendo todo lo referente a una famosa escena con un gusano de tequila en el que sin duda es el mayor efecto especial de todo el metraje.

Con sus descripciones de horribles muertes, su visualmente inquietante villano y la aparición de monstruos y demonios de forma mucho más explícita que en la primera, se nota que Poltergeist 2 intentó ser una película mucho más dada al horror que su antecesora, aunque nunca llega a abandonar del todo su ligereza inicial. Lo que la daña son sus lugares comunes, la escasa química que hay esta vez entre los actores y el abandono de la sencillez que tenía la primera parte y que aquí pone en evidencia una continuación mucho más pobre. Pero todavía hay cosas interesantes, y aquellos que se sientan atraídos por continuar la saga tienen aquí puntos a destacar. Eso sí, lamentablemente nunca llega a dar miedo, y la saga no abrazaría realmente el terror hasta la muy problemática tercera entrega, que también habrá de caer por aquí.

sábado, junio 13, 2015

Reseña: Oculus (2013)

Si os pasáis de vez en cuando por mis micro-reseñas de Letterboxd sabréis que en su momento, hace ya casi un año, Oculus (2013) no me convenció mucho. Resumiendo, en aquella ocasión me parecía una película con buenas ideas y una ejecución que me dejaba algo insatisfecho. Tras volverla a revisar para esta reseña mi opinión ha terminado por matizarse, hecho ayudado quizás por no tener que ver otras tropecientas películas el mismo día. Considero ahora que es una muy buena cinta con no sólo grandes ideas sino con detalles ciertamente brillantes que la elevan por encima de la mayor parte del cine de terror comercial que vemos en estos tiempos. Pero es precisamente su pertenencia a un catálogo de cine de miedo convencional lo que en mi opinión hace que se quede corta. Volveré a esa idea más adelante.

Si algo bueno tiene de entrada es que va al grano. En muy poco tiempo se nos hace saber cuál es el argumento principal, en el que dos hermanos intentan demostrar que la muerte de sus padres se debió a una presencia maligna de corte sobrenatural que habita en un misterioso espejo antiguo, una presencia que está relacionada con una larga serie de horribles muertes a lo largo de cuatro siglos y a la que los dos hermanos intentarán vencer. Esta idea de la que parte es por sí sola muy buena; personalmente me encantan las historias de maldiciones ligadas a un objeto y la manera en como está presentada en esta película es muy atractiva y sobre todo mucho menos efectista de lo que su material publicitario nos quiere hacer creer. Por el contrario, el director y guionista Mike Flanagan intenta mantener su trabajo en los límites de una estética realista en la medida de lo posible; es cierto que hay fantasmas, apariciones y demás, pero no dominan por completo la película y se sienten sólo como añadidos. De hecho, y esto es algo que no he visto destacado lo suficiente en las distintas reseñas que he leído, lo más efectivo de Oculus es la tensión que se crea en la larga escena de exposición en la que la protagonista narra frente a la cámara la macabra historia del espejo y su maldición.

Esta referencia constante hacia el pasado sirve para traer a colación el que quizás sea el punto más interesante de esta película y es, tal como muchas reseñas han destacado ya, su estructura narrativa poco convencional en la que la trama salta del presente al pasado alternando entre los protagonistas como niños y adultos, algo que tiene relación directa con los poderes paranormales del espejo y la forma como "engaña" a los protagonistas mezclando ambas líneas temporales en un juego de ilusiones que obliga a los personajes (y al público) a dudar constantemente entre lo que es real y lo que no. Todo este juego es fascinante, y a pesar de que no es la primera película que lo hace ni tampoco es muy complicado que digamos, al menos no trata al espectador como idiota y deja que seamos nosotros mismos quienes armemos la historia en nuestra cabeza. Ese énfasis en el argumento es algo muy poco común en el cine de terror actual y sólo por eso ya vale la pena.

Lo que nos lleva a lo que sigue siendo, hasta ahora, mi mayor objeción respecto a Oculus, y el punto que evita precisamente que llegue a un nivel de grandeza: a pesar de todos estos detalles, de sus grandes ideas y de su ambición a la hora de construir una historia interesante, esta sigue siendo al final de todo una película de terror comercial, y como tal se ve forzada a dar demasiadas concesiones. La película, hay que decirlo, no es muy rica en cuanto a sustos, y varios de sus elementos más tenebrosos como el conflicto desatado alrededor de la madre (interpretada por una muy desperdiciada Katee Sackhoff, por cierto) se siente suavizado y apresurado, y en lugar de eso el clímax de la película nos bombardea con varios elementos típicos del cine de terror contemporáneo que ya son enormes clichés como esos fantasmas de piel azul y ojos brillantes. En general todos estos elementos sumados a los sustos falsos y al típico elenco juvenil causaron que la cinta fuera perdiendo ímpetu llegando hacia el final. Creo que en definitiva ese sigue siendo mi veredicto final: una muy buena historia parcialmente dañada por sus concesiones comerciales. Con todo eso es una película sobresaliente, y pocos ejemplos del cine de terror mainstream actual son tan recomendables como este.

miércoles, mayo 27, 2015

Reseña: V/H/S: Viral (2014)

Si habéis estado prestado atención a nuestros prejuicios, sabréis sin duda que aquí en Horas de oscuridad no somos muy asiduos al subgénero de metraje hallado o falso documental, y sin embargo no nos desagradó del todo cuando vimos la cinta de antología V/H/S (2012). Es más, todavía hoy consideramos que su secuela, V/H/S 2 (2013) es una excelente película que se encuentra incluso entre lo más destacable de cine de terror que hemos visto en los últimos años. Fue precisamente ese subidón de calidad el que elevó mucho nuestras expectativas para la tercera y hasta la fecha última entrega de la saga, V/H/S: Viral (2014), la cual se encargó a finales del año pasado de aniquilar prácticamente todas nuestras ganas una vez estrenada y las críticas negativas empezaron a caer por todas partes. Creo que por este motivo decidí esperar y comprobar por mí mismo si aquellos palos estaban justificados. En mi caso lamento que haya sido efectivamente así: esta tercera entrega es una secuela muy inferior con un nivel muy bajo incluso para los modestos estándares de la primera película.

Uno de los problemas que tiene ya se ve desde el momento en que vemos el título y la ausencia de un numero de secuela nos confirma algo que ya sospechábamos, y es la falta de continuidad con las entregas anteriores aún a costa de la coherencia con la propia premisa de la saga. En esta ocasión ya no se explora aquella misteriosa casa llena de cintas de vídeo sino que el marco de la trama cuenta una confusa historia acerca de una persecución y los efectos psicológicos de una maldición viral que se extiende por Internet, lo cual ya de por sí invalida el título de la película al no tocar la figura arcaica de las cintas. Incluso el cierre de este argumento es extraño y deliberadamente incomprensible, y encima aderezado con fallos técnicos intencionales añadidos como código estético, que son tan abundantes que terminan siendo molestos.

Al igual que en las dos entregas anteriores, los diferentes segmentos de V/H/S: Viral están dirigidos por distintos cineastas como Justin Benson, Gregg Bishop o Nacho Vigalondo, pero la calidad de ellos es muy desigual y algunos ni siquiera pueden ser considerados del todo como historias de terror. El de Vigalondo es el más interesante de todos (al menos al principio) pero en la mayoría de ellos (salvo quizás el último, un risible segmento tejido alrededor de unos jóvenes patineteros) el motivo por el cual la acción está siendo grabada queda como algo meramente arbitrario, lo cual es una lástima porque eso era precisamente un detalle que la saga había cuidado muy bien. Y es que eso es básicamente el principal problema: comparada con las dos anteriores, esta se siente como una película perezosa y muy poco cuidada, encima con algunos intentos de humor muy mal equilibrados que terminan restando gran parte de efecto a algunas ideas que en principio parecen mostrar gran promesa, como (de nuevo) el relato de mundos paralelos de Vigalondo.

En definitiva creo que este es uno de esos escasos momentos en los que la mala fama despertada por una película está más que justificada, aunque en mi caso creo que se debe a las expectativas generadas por la muy superior y recomendable segunda entrega de la saga. En esta pareciese que sus responsables se hubiesen cansado ya de la propuesta y decidido tirar por la ventana todo lo que hacía interesante a V/H/S. Por cierto debo mencionar algo que quizás todos saben, pero existe un cuarto segmento dirigido por Todd Lincoln, el mismo director de The Apparition (2012) que por lo visto sólo fue incluido como contenido adicional en la edición de formato casero de esta película. Yo la vi en Netflix, por lo que este segmento no lo he visto aún, pero tengo entendido que es muy diferente del resto hasta el punto de que incluso abandona el formato de metraje hallado en favor de una perspectiva tradicional, por lo que puede que haya sido ese el motivo por el cual fue suprimido. En todo caso, dudo mucho que tras la experiencia tenga ganas de repetir. 

domingo, mayo 24, 2015

10 de hace 10: El exorcismo de Emily Rose (2005)

Nota explicativa: "10 de hace 10" es el nombre de una nueva sección en la que re-visitamos diez películas estrenadas hace diez años, en la esperanza de ver qué tan bien (o mal) han envejecido. La idea es que consigamos publicar estas diez entradas durante el 2015, año del décimo aniversario de "Horas de oscuridad". La inspiración para este invento la tenéis aquí.

Hoy en día Scott Derrickson es conocido principalmente como el director de Sinister (2012) pero hace diez años, cuando este blog estaba dando sus primeros pasos, sólo tenía un par de créditos como guionista tales como Leyenda urbana 2 (2000) o Hellraiser: Inferno (2000), la cual también dirigió. Eso y El exorcismo de Emily Rose (2005), una película que en aquel entonces confieso me dejó muy impresionado y que en cierta forma se adelantó a lo que sería un renacer del cine de posesiones diabólicas, pero a diferencia de lo que vendría después, en esta cinta nos encontramos con un trabajo distinto a lo que se había entendido hasta entonces por este tipo de historias. Tan positiva fue mi reacción que incluso llegué a incluirla en el primer brevísimo ránking de horror de ese año como una de las piezas más destacables que había tenido oportunidad de ver. Ahora, diez años después, hay que preguntarse qué tan bien se mantiene y si algunas de sus virtudes todavía pueden ser señaladas hoy en día.

Gran parte de mi opinión de aquel entonces se mantiene; con todos sus problemas y sus medianías típicas del cine de terror comercial de los últimos años, El exorcismo de Emily Rose sigue siendo una de las más interesantes películas de posesiones demoníacas que he visto desde El exorcista (1973), por otro lado inevitable referencia de este tipo de historias. Con toda seguridad se encuentra entre las escasas realmente destacables que se han hecho en los últimos años, cosa nada fácil puesto que fue precisamente el éxito de esta cinta de la que hablamos hoy la que propició el renacer de una serie de lugares comunes estéticos y temáticos que se repetirían una y otra vez y que todavía no parecen dejarnos del todo.

Y sin embargo, parte del motivo por el cual hoy en día no se habla tanto de ella puede que tenga que ver con lo contradictorio de sus expectativas; el público que se acerque a esta película esperando una pieza de terror puede sentirse defraudado ya que la cinta es, por encima de todo, un thriller judicial de temática religiosa en el que los componentes de terror ocupan un lugar secundario. Esto se agrava teniendo en cuenta que el material publicitario de entonces intentó venderla principalmente como una película de miedo a pesar de que en el fondo no lo era. En lugar de eso la historia se dedica a un subgénero que fue muy prolífico en los tardíos noventa pero que ya en el 2005 estaba en pleno retroceso comercial, lo que probablemente sea lo único que da cierto aire desfasado a la propuesta de Derrickson. Quizás por esto sus responsables insistieron en que el público general la entendiera como una heredera del legado de William Friedkin, y así lo hicieron saber en ambos de los carteles oficiales.

La estrategia es un tanto confusa porque al mismo tiempo la película echa el anzuelo de "basado en hechos reales" para seducir a un espectador que muy probablemente desconozca que esta cinta está inspirada en el caso de la joven alemana Anneliese Michel en los años setenta y el posterior juicio, aunque claro está las semejanzas con el caso real son muy escasas gracias al intento de "americanizar" la historia y al nada trivial hecho de que el caso judicial tuvo un resultado diametralmente opuesto a lo que finalmente ocurre en la película de Derrickson.

Dicho esto, y vuelta a ver diez años después, reconozco que la temática religiosa de la película puede echar a muchos para atrás, ya que la trama abre un debate acerca de la validez de la Fe frente a la ciencia y toma partido claramente a favor de la primera. Sin embargo, hay sobre esto algo que en su momento no supe apreciar y sólo ahora, con la apropiada distancia, soy capaz de comprender: el supuesto mensaje pro-religioso de la película es mucho más complejo de lo que la gente en su momento le dio y no es simplemente propaganda religiosa. Si algo me queda claro tras ver nuevamente El exorcismo de Emily Rose es que lo que se defiende en la película no es la existencia del Mal o el poder curativo de Dios, sino el reconocimiento de una realidad espiritual en el ser humano y el llamado a no despreciar esa experiencia. La existencia o no de Dios, el origen de lo que le sucede a Emily en la película no es lo principal; lo importante en el juicio es que el sacerdote acusado intentó realmente ayudarla validando las creencias de la joven.

Es por eso que me sorprende de buena manera que la cinta haya tomado decisiones arriesgadas teniendo en cuenta su carácter comercial. La mayor y más significativa de estas decisiones es que la abogada protagonista en ningún momento tiene un encuentro directo con lo sobrenatural; a pesar de que en determinados momentos se insinúa que el juicio está dejando algún tipo de efecto en ella, nunca llega a ver demonios o a tener ningún tipo de experiencia más allá de la realidad. Esto es algo que parece una tontería pero que, de haberse hecho la película hoy, con toda seguridad habría sido hecho de forma muy diferente, especialmente si querían vender la cinta como una historia de terror; de haberse hecho este año, la trama habría terminado por repetir en la abogada las experiencias de la propia Emily y habría tenido inevitablemente un clímax explícito de confrontación con los demonios. Nada de eso ocurre aquí, y en parte no ocurre por la decisión irrenunciable de la película de dejar el personaje de Emily Rose en un plano puramente referencial: al inicio de la cinta la joven ya está muerta (la película incluso abre con una imagen de un alambre de espino que gotea sangre, cosa que luego contradice el carácter sobrenatural de la experiencia de Emily) y todo lo que sabemos de ella es contado y referido por otros personajes durante el juicio.

Aparte de todo esto la película tuvo una gran suerte en lo que respecta a su elenco, no tanto en cuanto a su protagonista, Laura Linney, quien hace aquí prácticamente el mismo personaje que hacía en Las dos caras de la verdad (1996), sino con la joven Jennifer Carpenter, quien para entonces era prácticamente desconocida y que tuvo con su actuación como Emily su entrada en el cine mainstream por medio de un trabajo lleno de un histrionismo físico sobresaliente que por desgracia tuvo como consecuencia la repetición incesante de jóvenes poseídas que se retuercen enfundadas en un camisón de dormir blanco.

Así que, en definitiva, ¿qué tal se sostiene El exorcismo de Emily Rose diez años después? Es difícil decirlo; por otro lado los aspectos de terror de la película se siguen viendo muy bien gracias a una sobresaliente actuación y a pesar de los ocasiones efectos digitales (por fortuna escasos) pero si la cinta se mantiene dentro de lo positivo es por ser una aproximación distinta al fenómeno de las posesiones diabólicas y por acometer algunos riesgos impensables en una película de terror de hoy en día. Para algunos puede resultar difícil ya que es, tal como decíamos arriba, un drama judicial antes de todo, y su tendencia a apoyar el lado religioso del conflicto puede que se le atragante a más de uno. Muy probablemente esto último tuvo mucho que ver en la atención que llamó la cinta alemana Requiem: el exorcismo de Micaela (2006), una película estrenada casualmente justo al año después y que también estaba inspirada en el caso Anneliese Michel, abordándolo esta vez sí como un drama desprovisto de componentes de terror y con la balanza claramente inclinada en favor de la explicación racional, mostrando el verdadero efecto que dicho caso tuvo en la relación del Estado con la religión. Aún así, esta de la que hablamos hoy sigue siendo un muy buen trabajo al que ha valido la pena volver.

martes, abril 28, 2015

Reseña: Under The Skin (2014)

Reseñada hasta el hartazgo en el momento de su estreno, en nuestro caso hemos decidido esperar meses antes de volver a acercarnos a Under The Skin (2014), una de las destacables del año pasado y una película destinada como pocas a dividir al público en sus extremos más radicales. De hecho, si algo quedó claro tras el paso de esta cinta fue que gran parte del público parece haberse deshecho en alabanzas hacia un trabajo fuera de lo común mientras que otra gran parte la tildó de gran tomadura de pelo y como un ejemplo claro de un cine supuestamente pretencioso y vacío. Nuestra opinión aquí en Horas de oscuridad busca no tanto decidirnos por una de estas dos propuestas (aunque quizás estemos más cerca de la primera) y más en cambio por elucubrar acerca de las razones por las cuales no fue bien recibida por el público general. Porque lo cierto es que más allá de lo que puedan decir aquellos críticos más sesudos que habitualmente suelen despreciar el cine de género, esta es una gran película que merece ser vista y tras la cual uno no queda igual.

El principal problema que vemos en cuanto a la recepción que tuvo Under The Skin tiene que ver con la manera cómo fue anticipada; la presencia como protagonista de Scarlett Johansson (de quién se anunciaba además alguna escena de contenido erótico para estimular el morbo del personal) y una trama muy en la línea de otros ejemplos altamente conocidos de "ciencia ficción guarra" seguramente avivaron el interés comercial de un público ajeno tanto a la surrealista novela de Michel Faber como al cine del director británico Jonathan Glazer, un muy interesante y poco convencional cineasta que ha aprovechado la ocasión para traernos la que con toda seguridad es su película menos comercial hasta la fecha. Es así como aquellos que esperaban una historia de monstruos cargada de erotismo malsano se encuentran con una historia surrealista de ciencia-ficción introspectiva contada desde el punto de vista de un depredador que termina cuestionando su naturaleza y encontrando empatía en la humanidad a la que ha decidido cazar, y el erotismo al que nos hemos referido antes es frío, poco atractivo y destinado más bien a ser una trampa que causa un nada desdeñable grado de repulsión y atávico miedo a los misterios de la sexualidad femenina. Incluso el tan anticipado desnudo de Scarlett Johansson es desprovisto de todo factor erótico, lo que causó además una muy lamentable reacción en los predios de Internet que por desgracia se centraron en la supuesta falta de atractivo de la actriz, como si ese no hubiera sido el objetivo en primer lugar.

Por todos estos motivos, por la distancia que plantea con el espectador y su estética deliberadamente feísta que incluye hasta escenas de cámara oculta rodadas con figurantes no profesionales, estamos ante una película poco accesible para el público general. Pero esto no tiene nada que ver (como hemos leído en muchos sitios) con un supuesto carácter anti-narrativo de la película o con aquella idea errada de que la película no tiene un argumento. Todo lo contrario: si algo tiene es que la trama es tremendamente sencilla y muy fácil de discernir incluso teniendo en cuenta la escasa cantidad de diálogos y la prácticamente total ausencia de explicaciones. Sabemos desde el principio que el personaje de Scarlett Johansson es un ente inhumano que se oculta bajo la apariencia de una joven y hermosa muchacha para seducir hombres solitarios y luego llevarlos a una trampa mortal, y todas estas escenas transcurren casi sin diálogos y sin nadie explicando lo que estamos viendo, y aún así queda bastante claro a pesar de los toques de misterio como esa habitación negra o el personaje de la moto que constantemente sigue de cerca a nuestra protagonista y que se intuye pertenece a su misma especie aunque nunca se dice claramente.

Pero si bien argumentalmente se trata de una cinta muy accesible, todos los demás elementos que Glazer pone a nuestra disposición pueden ser difíciles de soportar cuando se espera un trabajo mucho más convencional; como ya decíamos arriba, el ritmo deliberadamente pausado, la casi total ausencia de diálogos explicativos o la estética desprovista de embellecimiento puede hacer mella en un espectador que busque algo de terror al uso y que puede incluso verse espantado por algunas escenas genuinamente desagradables como esa visita a la playa (y la tragedia múltiple que en ella ocurre), el encuentro con una víctima que hace que nuestra protagonista descubra su hasta entonces ignorada humanidad, y por supuesto el desenlace que cierra la película dejándonos con un sabor de boca muy negativo. Esa falta de "cierre" y ese distanciamiento y frialdad estéticas de la que hace gala Under The Skin han despertado muchas comparaciones entre Glazer y el Kubrick de 2001: Odisea espacial (1968), cosa que francamente no terminamos de ver más allá de parecidos muy superficiales, pero de lo que sí estamos seguros es de que esta es una pieza muy recomendable y que en ocasiones da cierto alivio encontrarse con algo así que nos replantee aquello que realmente buscamos cuando nos acercamos a lo desconocido. Muy buena.

martes, abril 21, 2015

Reseña: Honeymoon (2014)

Otra grata sorpresa que nos llevamos el año pasado, Honeymoon (2014) es otra muestra de que la mayoría de las propuestas más interesantes del cine de terror están llegando de fuentes ajenas al circuito mainstream. Partiendo de unas ideas muy básicas y un escenario ya visto antes (una pareja joven que pasa su luna de miel en una apartada cabaña en el bosque), la directora Leigh Janiak consigue un relato de miedo con una premisa fantástica pero tratada de una forma muy realista que la hace tremendamente cercana incluso a costa de ir en contra de lo que normalmente solemos encontrar en este género. 

Sabiendo esto, la trama es muy sencilla y se toma su tiempo con los personajes. Gran parte de la cinta, de hecho, se va en establecer la relación entre Bea y Paul, con sus cursilerías, sus anécdotas, sus chistes privados y todos los detalles de su cotidianidad. Estos elementos, sin embargo, no están allí de relleno sino que serán vitales una vez que se da el giro de terror: una noche, Bea parece tener un episodio de sonambulismo tras el cual su comportamiento cambia de forma repentina hasta el punto que su marido comienza a albergar dudas acerca de la persona que está a su lado. Lo más curioso de todo es que casi la totalidad de la trama muestra únicamente los dos actores y un único y gigantesco escenario del solitario bosque donde una misteriosa presencia parece rondar a los protagonistas. 

Estos detalles que en principio parecen opuestos a lo que una historia de terror debe ser son sin embargo lo mejor que tiene: en realidad, más que buscar la complicidad con el espectador avisado de que está viendo "una de miedo", la película proyecta una luz un tanto incómoda sobre la degradación (vertiginosa esta vez) de la vida en pareja y cómo la convivencia cercana termina aflorando el reverso siniestro de aquellos que amamos, en este caso además simbolizado en un creciente sentimiento de paranoia y una transformación física que presagia un terrible, inevitable y violento desenlace. Todo esto es importante porque en muchos sentidos, Honeymoon es muy parecida a lo que sería una hipotética versión explícita de Anticristo (2009), de Lars von Trier, quizás más inclinada de forma obvia hacia el terror pero con muchos puntos en común. Es probable que esos paralelismos, sin embargo, sean una casualidad puesto que los referentes de esta película de la que hablamos hoy son más que obvios, con Cronenberg a la cabeza pero también con ciertos elementos de terror de los cincuenta de los que toma sobre todo el clima de desconfianza propio de la idea del Doble.

Leyendo opiniones que he conseguido por allí, veo que las reacciones ante esta cinta han sido muy dispares. Considero que gran parte de esto se explica por el hecho de que la película parece prometer un acercamiento mucho más comercial debido a sus dos protagonistas, Rose Leslie y Harry Treadaway, actualmente famosos gracias a sus roles televisivos en Juego de tronos y Penny Dreadful, respectivamente. Su presencia ciertamente augura un producto mucho más convencional de lo que termina siendo, puesto que como mencionábamos arriba, la parte de auténtico terror tarda en llegar y la sutileza de la película está continuamente provocando al espectador y prometiendo una revelación explícita que nunca termina de llegar del todo. Sin embargo creo que el objetivo de la cinta es otro, y es el drama entre los dos personajes y la frustración del público ante una situación que se escapa de su control lo que al final la hace más memorable, por mucho que la película sí tenga algunas imágenes realmente perturbadoras en sus concesiones a conceptos como la Nueva Carne. Lo juramos, Cronenberg estaría muy orgulloso.